domingo, 17 de abril de 2011

La mujer y su día

La resignación es el último recurso de supervivencia cuando se pierde la esperanza. 

Miles de niñas y mujeres, atrapadas en un sistema de silencio y complicidad, sufren el abuso y la violencia contra su cuerpo, su espíritu y su dignidad. Han sido muchas las muertes provocadas por la cultura de la vergüenza, que condena a las féminas a pagar por las consecuencias de los crímenes cometidos en su contra y a cargar con ese estigma que no es el suyo.

Ser mujer en este país es una condena de por vida, pero si además de portar los cromosomas que la definen como tal es indígena y pobre, su destino es mil veces más desafiante, cien mil veces más poderosa la carga sobre su débil estructura. Y aun así sobreviven y producen riqueza, paren hijos en hilera por una política pública que nunca existió, porque algunos señores con mucho poder decidieron no aprobarla para no ofender a sus patrocinadores.

Ser mujer, pobre, indígena y analfabeta es una marca de identidad en este bello país de las injusticias. Se la puede observar en los mercados, en los campos, trabajando por nada –el salario le corresponde al marido- y cargando leña por los caminos para luego ser culpada por la deforestación de Guatemala. Si no fuera por lo patético, daría risa el discurso de los empresarios y políticos que defienden sus privilegios adjudicándole a la población indígena la responsabilidad por el subdesarrollo que ellos mismos provocan, por la pobreza a la cual condenan a más de la mitad de la sociedad a la cual, aunque les duela, todos ellos pertenecen.

En Guatemala, las mujeres nacen adultas porque no tienen derecho a la infancia. Sufren la discriminación desde el momento que ven la luz por vez primera, con el desencanto del padre, quien atribuye a su descendencia masculina valores superiores y deposita en ese cromosoma distinto su orgullo patriarcal. La niña, entonces, pasa a engrosar las largas filas de la servidumbre doméstica incluso antes de emitir su primer sonido.

Material propicio para los negocios ilícitos, miles de niñas son también producto para el tráfico sexual y el trabajo forzado. Cuando tienen suerte, quizás puedan salir de la miseria prostituyéndose por cuenta propia porque el Estado les ha negado toda posibilidad de educación para conseguir un trabajo digno; y, cuando han sufrido el abuso sexual desde la infancia, les han negado la protección de la justicia.

Quizás por todo esto es que me parece insustancial la celebración del día dedicado a la mujer. No puede ser que sólo pensemos en sus derechos una vez cada 365 días sólo por un protocolo institucionalizado. Los derechos de la mujer han sido violados –tanto como sus cuerpos- una y otra vez por medio de leyes casuísticas, funcionarios corruptos, empresarios voraces y, peor aún, por otras mujeres empecinadas en sostener el aberrante sistema patriarcal.

07.03.2011

La cámara inclemente

Aparecer en televisión puede ser, para un político novato, un severo tropezón. 

Esta semana fue de interesantes entrevistas televisadas. CNN en español se afanó buscando audiencia y sin duda consiguió un alza importante en sus estadísticas con los diálogos entre sus mejores reporteros y algunos líderes latinoamericanos como Mario Vargas Llosa, Sebastián Piñera, Zury Ríos y Otto Pérez.

Todas las entrevistas mostraron facetas a veces desconocidas de estos personajes, pero sobre todo dejaron en evidencia que el periodismo televisivo –cuando está en manos de profesionales con experiencia y talento- puede llegar muy lejos en la revelación del verdadero perfil de quienes caen bajo el escrutinio de sus cámaras.

Un ejemplo paradigmático es el del presidente chileno. Ante el aluvión de preguntas bien pensadas y de mucho fondo formuladas por José Levy, jefe de la oficina de CNN en Medio Oriente, no pudo disimular su falta de conocimiento sobre política internacional y, cuando se vio ante cuestiones específicas sobre políticas sociales de su país, usó una y otra vez las mismas frases para justificar buenas intenciones sin comprometerse con datos concluyentes ni propuestas específicas.

En su caso, resalta la falta de experiencia política pero aún más su desconocimiento de la trascendencia del discurso público, lo cual refleja una de las mayores debilidades de ciertos líderes cuyos objetivos están más enfocados en las apariencias que en la realidad y fundamentan su desempeño en su habilidad para exhibir cifras globales –como el PIB o el índice de crecimiento- para ocultar el verdadero rostro de la miseria que subyace en sociedades desiguales como la chilena.

Los políticos deberían prepararse muy bien antes de sentarse frente a una cámara. Los entrevistadores fogueados son tan inclementes como la lente fotográfica, logrando resultados muchas veces devastadores para la imagen de sus víctimas mediáticas. Otto Pérez, por ejemplo, se vio incómodo y poco convincente, contrastando de manera radical con la imagen pulida y el discurso inteligente y asertivo de Zury Ríos. Esto basta para demostrar que no es suficiente tener un buen eslogan de campaña o fotos retocadas en mupis para ganar adeptos y, aún más importante, retenerlos.

Otro muy distinto es el caso de Vargas Llosa quien, en su amena charla con la talentosísima Carmen Aristegui, lució sus dotes histriónicas y su inmenso acervo cultural a pesar de sus posiciones controversiales en el tema político. Esto debe servir de ejemplo para muchos aficionados que pretenden sentarse en una silla presidencial o en un palacio municipal. Para conseguir adeptos, de nada sirve la imagen estática. Hoy es esencial el dominio del lenguaje, el conocimiento profundo de los temas actuales, la empatía con sus espectadores y sobre todo, la honestidad en sus planteamientos porque la cámara lo capta todo.

05.03.2011

La niñez robada

¿Qué necesita un ser humano durante sus primeros años de vida, sino atención y cariño? 

En este mundo de egoísmo delirante, el ser humano ha pasado a ser un subproducto manipulable al servicio de grupos económicos, religiosos o políticos que han hecho de él la materia prima fundamental en la construcción de sus redes de influencia. La persona ha dejado de ser un individuo con derechos para derivar en un elemento neutro dentro de esta enorme pirámide de poder que constituye la sociedad mundial.

Por eso no debería sorprendernos el irrespeto por la niñez en países sometidos a la influencia de las grandes potencias, en los cuales prima el beneficio de una casta política y económica cuyos objetivos están enfocados en el enriquecimiento personal y la consecusión del poder a toda costa.

En Guatemala, así como en muchos otros países del tercer mundo, la niñez es prácticamente inexistente. Ese período durante el cual el ser humano desarrolla las bases de su potencial intelectual y físico es, en estas tierras, un tiempo de abandono, de abuso y de inanición. De ahí que ante el trabajo infantil, la carencia de recursos educativos o los embarazos en niñas y adolescentes nos quedamos impávidos y miramos hacia otro lado con ese gesto de fatalismo propio de los pueblos fracasados.

Dadas las circunstancias, ¿con qué derecho nos horrorizamos ante la proliferación de las maras o las muestras de sadismo en niños y adolescentes cuando cometen crímenes, la mayoría de las veces inducidos por adultos? ¿Dónde quedó nuestra capacidad de autocrítica y dónde la conciencia? En una nación incapaz de proporcionar un ambiente de mínima seguridad a sus niñas, niños y adolescentes, estas patologías se vuelven una amenaza a la integridad de su existencia misma.

Cuando escuchamos –y creemos- el discurso cliché de los políticos cuyas ambiciones les nublan la visión y les impiden hacer contacto con la realidad, lo que hacemos es transformarnos en cómplices activos del asesinato de una nación que alguna vez tuvo un futuro promisorio. Y también somos agentes de su destrucción al mantener una actitud pasiva frente a la expoliación de los recursos naturales, la corrupción gubernamental o la violencia que día a día golpea a nuestra sociedad.

Pero en este concierto desafinado lo más grave es el irrespeto a los derechos de la niñez y la juventud, segmento mayoritario de la población en el cual reside la única esperanza de recuperación de los valores que en algún momento de la historia dieron sentido a su orden constitucional y a sus instituciones.

En Guatemala, la niñez no existe. Ni en las clases más acomodadas pueden los niños salir a la calle sin ser vigilados o disfrutar de la compañía de sus padres sin amenaza de sufrir algun tipo de violencia. Entre los más pobres, la norma implacable es una muerte prematura.

Política en las redes

El valor de las redes sociales para difundir mensajes es innegable, pero muchos desperdician el recurso. 

Los comunicadores tenemos en las redes sociales una herramienta valiosa para capturar y difundir información a una velocidad que hace apenas 5 años ni siquiera hubiéramos sospechado. Nuestra profesión nos convierte en uno de los grupos más identificados con este recurso y prueba de ello ha sido la inmediata incorporación de periodistas independientes, agencias de noticias y medios de comunicación a las redes sociales para compartir información con la inmediatez del último minuto.

A pesar del riesgo de asumir la veracidad de la noticia cuando ésta ni siquiera ha sido confirmada, muchos de los usuarios de las redes sociales ya han madurado al punto de transformar estas plataformas en foros de debate ideológico, cultural y social derribando de manera automática las barreras de la distancia física gracias a la proximidad virtual. Dado este brinco de popularidad de Facebook, Twitter, blogs y otros sistemas de intercambio de información en sectores muy diversos, muchos políticos locales han decidido subirse a estas plataformas para explotarlas de acuerdo a su muy particular visión de lo que les conviene desde el punto de vista proselitista.

Entonces, de un tiempo a esta parte, se ha visto a diputados, líderes partidistas y últimamente a “candidatos a candidato” de toda clase de grupos y tendencias sumergidos a tiempo completo en las discusiones y metiendo su nariz en las páginas de quienes consideran un buen auditorio. Entre ellos –y ellas- algunos han captado de manera magistral la esencia del sistema para acercarse de manera más directa a sus electores o a sus representados. Pero hay otros –y otras- cuyo vacío conceptual e ideológico les impide ir más allá de enviar mensajitos superficiales con una buena onda de nivel escolar que preocupa por su mediocridad en alguien que pretende postularse a un cargo de elección popular.

Meterse en las redes sociales para escribir sandeces es un deporte que sólo pueden practicar quienes no tienen compromiso alguno con la historia. Aquellos ciudadanos libres de opinar como les de la gana porque no les importa un comino la opinión ajena y ejercitan su libertad de expresión con el humor o la vulgaridad que les otorgue su nivel intelectual o su estado de ánimo.

Pero un político en funciones o con aspiraciones electorales debería cuidar su imagen con una acuciosidad delirante, porque cualquier resbalón quedará rondando ad aeternum por el universo virtual y nada podrá borrarlo. En el actual panorama político de Guatemala, lo menos que se espera de ellos es una actitud propositiva, un discurso inteligente, articulado con coherencia y buena ortografía, y un análisis profundo de la situación del país. En fin, seguiremos esperando a que aparezca.

26.02.2011

Educación y alimento

La niñez guatemalteca no es tan exigente. Con que les alimenten el cuerpo y la mente, son felices. 

Si esa mayoría de diputados señalados por corruptos e ineficientes tuviera un atisbo de inteligencia y sensibilidad social, se darían cuenta de las ventajas implícitas en adoptar una actitud más abierta y empática hacia los problemas fundamentales del pueblo y cuán fácil podría ser aminorar algunos de ellos con sólo acudir a las sesiones, participar en las discusiones, analizar las propuestas y votar.

Diversas instituciones han coincidido al señalar que se aproxima una crisis alimentaria más aguda que todas las anteriores. También existe la certeza de que los reportes oficiales de niñas y niños con desnutrición crónica y aguda son inexactos y que otros datos muestran con mayor crudeza el nivel de abandono de estos sectores, sobre todo en el interior del país y entre la población indígena. Sin embargo, tanto en el Congreso de la República como en los despachos ministeriales parece haber un pacto de silencio y un acuerdo tácito de centrarse en las negociaciones relacionadas con el proceso electoral.

Nunca como hoy las escuelas estuvieron tan ruinosas y abandonadas. La educación no es prioridad para nadie, lo cual se comprueba fácilmente al visitar los establecimientos educativos del sector público, donde los servicios más fundamentales, como instalaciones sanitarias y agua potable, son un lujo desconocido. Y para qué hablar de refacción escolar.

Estos factores serán determinantes en el futuro de la niñez guatemalteca, tanto como la falta de alimentos durante sus primeros cinco años de vida. Su cerebro no va a desarrollarse a plenitud, su cuerpo llevará el estigma de la pobreza y tendrá todas las patologías asociadas a una alimentación deficiente, su vida social estará limitada a un entorno degradante y amenazador para su integridad, en fin, será un paria en su propio territorio por decisión de quienes podrían haber marcado la diferencia con sólo poner atención a lo prioritario y dejar por un lado sus intereses personales.

Guatemala es un país que ha llegado al extremo de avergonzar a sus habitantes. Se habla de Guatemala por los crímenes de extrema violencia y sadismo; se menciona al país por ser territorio narco; salta a las primeras páginas por los inconcebibles niveles de corrupción de sus autoridades; por tener a ex presidentes y ministros encarcelados por ladrones; por haber descendido a lo más bajo de las categorías en indicadores de desarrollo; por no tener –ni sus autoridades ni sus ciudadanos más influyentes- concepto alguno de lo que significa la visión de nación.

La niñez se cobrará la deuda histórica de sus políticos y de sus sectores de poder económico. Algún día sus padres comprenderán cómo fueron atrapados en la mentira del juego político, pero entonces no habrá manera de reparar el daño causado.

21.02.2011

Disciplina castrense

Es importante poner atención en los detalles. De ellos se puede deducir parte del futuro. 

La situación de inestabilidad, inseguridad ciudadana y la falta de políticas públicas para la prevención del delito han sido el perfecto caldo de cultivo para reforzar el mensaje de mano dura de algunos partidos, así como el de ciertos personajes públicos que pretenden alcanzar el poder presidencial prometiendo orden y disciplina.

Para ellos, nada mejor que el actual ambiente de violencia porque les resulta más fácil convencer a la ciudadanía de la conveniencia de sentar en el sillón a un presidente duro, autoritario, inclemente; es decir, un Ubico actualizado.

Este mensaje implícito en las campañas anticipadas explican en parte el éxito de la movilización de las huestes del partido Patriota el domingo pasado en Mundo E, donde de acuerdo con las cifras de la dirigencia de esa agrupación se concentraron nada menos que 55 mil partidarios de la emblemática mano empuñada, todos puntuales, todos vistiendo la camisa anaranjada y todos cuadrados con su líder.

En otros sectores del espectro político, esta demostración de fuerza y disciplina debería ser un llamado de alerta para hacerlos reaccionar a tiempo. La historia ha demostrado –aquí y en todos los países en los cuales ha triunfado el miedo- que una decisión electoral no debe responder a las circunstancias del momento, sino a programas de mayor trascendencia para el futuro de la nación.

Si los electores creen que con represión y fuerza se va a neutralizar el crítico ambiente de anarquía actual, se equivocan rotundamente. La violencia criminal que azota a Guatemala tiene sus orígenes en la impunidad y ésta se ampara en la corrupción, el clientelismo y la carencia de valores de sus cuadros empresariales y políticos. El negocio está precisamente en la compra de voluntades a nivel institucional y no hay mejor ejemplo que la venalidad de algunos representantes del Congreso de la República, muchos alcaldes y ciertos integrantes del sistema judicial y las cortes.

En todas esas instituciones es patente la falta de voluntad para recuperar la dignidad del Estado, porque a una buena parte de sus miembros les conviene más tener un Estado a su servicio que uno digno y recto. Pero tampoco hay que caer en el juego de creer que habrá un súper héroe capaz de acabar con el crimen haciendo letra muerta de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Lo que necesita el país es un gobierno auténticamente proyectado hacia el futuro, un equipo de visionarios capaz de entender la importancia estratégica de la nutrición durante los primeros 5 años de vida para tener un capital humano viable; gobernantes cuya lucidez para invertir en educación se traduzca en una sociedad física, mental y psicológicamente saludable. La respuesta, por lo tanto, no está en los esquemas castrenses dentro del ámbito político.

19.02.2011

El testigo de cargo

Muchos asesinatos se cometen contra posibles testigos de actos criminales, pero nunca se sabe si queda otro. 

Hay una cierta forma de justicia misteriosa e inexplicable. Se revela por medio de actos de excepcional coraje realizados por personas que prefieren arriesgar su vida en aras de lo correcto, de lo que debe ser, antes de permitir el triunfo de la impunidad. Estas rara avis de la especie humana marcan la diferencia entre lo común y lo extraordinario, entre la preeminencia del yo y la difícil elección del nosotros.

En Guatemala han sido las voces no silenciadas de unos pocos testigos de cargo las que han permitido avanzar en el esclarecimiento de casos de alto impacto, en los cuales el involucramiento de redes criminales -infiltradas en círculos de poder aparentemente inexpugnables- representaba una garantía de impunidad. Este punto de ruptura, indetectable a veces y siempre ubicuo, puede encontrarse en el eslabón más débil de la cadena y en algunos casos en personas aparentemente inofensivas.

Sin embargo, el sistema actual de justicia no parece apreciar en toda su dimensión la importancia de proteger a estos elementos cuya existencia constituye una carta de triunfo para la aplicación de la ley de manera pronta y cumplida. El sistema de protección de testigos es uno de los lados más débil en este poliedro formado por los distintos pasos a seguir en la investigación criminal. Los testigos de cargo suelen desaparecer de manera violenta y entonces los casos se caen por falta de evidencias, ante el estupor de una ciudadanía incapaz de comprender tanta ineptitud.

Las fallas del sistema de investigación criminal y administración de justicia son múltiples y graves, pero entre las más perjudiciales está la falta de recursos para la investigación de los casos, la etapa más critica de los procesos. Esta pobreza de medios es provocada en parte por la irresponsabilidad del sector político, el cual ha instrumentalizado a la violencia como recurso de propaganda electoral, usando a la población como carne de cañón en la persecusión de sus propios fines y, en parte, por la actitud pasiva de una ciudadanía incapaz de protestar.

Todo esto hace pensar en el riesgo de que un día los testigos clave se cansen de testificar y su valentía se disipe en una nube de escepticismo al no encontrar eco en quienes deben protegerlos para garantizar su seguridad, ante la amenaza de ser borrados del mapa. En otras palabras, si en Guatemala no se atiende a esta deficiencia de manera urgente, está muy cercana la posibilidad de que la justicia pierda esa palanca irreemplazable de la declaración jurada de quien presenció el crimen, de quien posee documentos incriminatorios, de quien es capaz de jugarse el todo por el todo por la sola satisfacción de ser testigo de un acto de verdadera justicia.

14.02.2011

El faraón

La caída de Mubarak se produjo gracias a la resistencia popular, pero con ayuda exterior. 

La cadena de sucesos en la plaza Tahrir fue seguida con avidez por el mundo entero. En algunos países primer mundistas, con una actitud ambivalente por ser Mubarak uno de sus aliados incondicionales. Y en países del tercer mundo en situaciones similares de miseria y explotación como las padecidas por el pueblo egipcio, con una sensación de catarsis al ver cómo una sociedad entera se impuso para exigir la salida del dictador.

La victoria de los egipcios al derrocar a Mubarak es, sin embargo, apenas el principio de una serie de cambios sobre los cuales el pueblo tendrá poco o ningún control. El ejército asume el mando en medio de la euforia, pero hay todo un sistema blindado de leyes y estructuras de poder construido durante treinta años, el cual será muy difícil desensamblar sin ocasionar graves problemas a la gobernabilidad de ese país.

Esto sucede cada vez que cae un tirano y se instala un gobierno de transición. Nadie sabe con certeza cuál será la dirección a seguir aún cuando las intenciones de quien lo sucede en el poder vayan en la dirección correcta. En el caso de Egipto, queda en manos de un ejército que ha demostrado una total ambigüedad entre su respaldo al mandatario depuesto y su tolerancia frente a las protestas callejeras. El futuro próximo, por lo tanto, es incierto y sólo se conocerán las primeras disposiciones del nuevo gobierno en cuanto se calmen los ánimos y la gente vuelva a sus casas.

Los sucesos recientes en el país más poblado del mundo árabe también llaman a reflexionar sobre el impacto de las redes sociales en el desarrollo de los eventos. En el caso que ocupa la atención mundial, las redes sociales fueron el instrumento de comunicación por excelencia, aún cuando el gobierno de Mubarak intentó por todos los medios bloquear cuanto sistema de información pudiera servir a la causa popular.

Facebook y Twitter estuvieron copados por los mensajes emitidos desde la plaza Tahrir –hoy plaza de la Liberación-, tanto por las cadenas noticiosas como por ciudadanos comunes que sólo deseaban difundir la noticia con la esperanza de despertar la solidaridad de otros pueblos, en otras latitudes.

El enfriamiento natural de los ánimos después de un sitio tan prolongado como traumático traerá un careo con la dura realidad de la política y será entonces cuando se comiencen a vislumbrar los intentos de las potencias desarrolladas por mantener su posición hegemónica ante las nuevas autoridades. Será cuando las redes de corrupción y nepotismo traten de conservar sus privilegios comprando voluntades recién estrenadas pero también será cuando el pueblo elija entre construir un Estado moderno y democrático o sentar en el trono a un nuevo faraón.

11.02.2011

Correlación de fuerzas

No hay que ser un genio para saber que quien tiene el dinero, tiene el poder. 

Está bien ser ingenuo, pero no hay que abusar. Pedirle al Ministerio Público que funcione con eficiencia y austeridad cuando le están recortando una tajada de 200 millones en su presupuesto es, peor que una burla, una condena a muerte para miles de guatemaltecos enfrentados a una violencia criminal en escalada ascendente.

La falta de presencia institucional del sector justicia en las regiones en donde el narcotráfico, el contrabando y la trata de personas son práctica corriente de diversos grupos –algunos vinculados a los carteles internacionales y otros chapines al ciento por ciento- constituye una amenaza a la vida y la integridad de sus habitantes. Sin embargo, los ríos de dinero del Estado fluyen libremente hacia cuentas indetectables a través de contratos dudosos y plazas fantasma.

Mientras esto sucede con el Ministerio Público, el cual apenas tiene presencia nacional con 34 fiscalías mal equipadas y peor protegidas, los recursos para propaganda gubernamental llegan hasta el último de los 333 municipios del país en vallas, repartición de regalos identificados con el logotipo del partido oficial y prebendas especiales para quienes apoyen el continuismo sin hacer preguntas.

Es verdaderamente repugnante la falta de visión del sector político. Aún cuando no hubiera suficientes fondos en las arcas del Estado para erigir un sistema de investigación criminal y una administración de justicia blindados, a prueba de chantajes y corrupción, nadie puede negar que eso sería más que posible con el dinero y los bienes de todo tipo confiscados en los decomisos de droga.

Guatemala es gobernada de manera empírica y orientada hacia el aprovechamiento de la oportunidad de enriquecimiento que brinda una estructura diseñada por políticos venales. No existe siquiera el concepto de visión de país –suficiente prueba hay en el estado de la infraestructura educativa y de salud- y tampoco hay una lista de prioridades en la cual aparezca siquiera el bienestar colectivo. Todo se reduce, como se puede ver en esta sucia campaña electoral anticipada, al beneficio de quien abusa más del caos general.

En estos días, los diputados han demostrado con total desfachatez su falta de conciencia y de patriotismo al usar como palanca de negociación la supervivencia de cientos de enfermos de VIH/sida, negándose a aprobar una donación del Fondo Mundial destinada a la compra de retrovirales y tramientos contra la malaria y la tuberculosis.

Mientras los gatos se pelean los privilegios, las organizaciones criminales aprovechan el descuido y se fortifican, se apoderan de porciones importantes del territorio nacional, trazan sus bien pensadas estrategias para instalarse en gobernaciones y alcaldías, solazándose con la visión de su triunfo fácil y su actuar impune.

07.02.2011

El rey soy yo

La mayoría de las dictaduras empiezan con pretensiones de respeto a la democracia.

La ruptura entre democracia y dictadura es, muchas veces, un proceso gradual mediante el cual los gobernantes amarran cabos, blindan instituciones, corrompen a las asambleas legislativas y consolidan sus redes de nepotismo, corrupción y clientelismo, todo esto antes de que el pueblo reaccione intentando defenestrarlos.

La tolerancia al abuso, sin embargo, es como una masa elástica cuyo punto de ruptura podría estar demasiado lejos, con peligrosas consecuencias para el equilibrio social y económico de las naciones.

Treinta años de corrupción, abuso, manipulación de las instituciones fundamentales del sistema democrático e infiltración de grupos de poder en todas las instancias de decisión horadan los fundamentos mismos de las libertades ciudadanas. Cuando esto sucede en un marco de irrespeto a los derechos humanos, cuando el trabajo legislativo es un circo de repartición de privilegios, negociaciones ilegítimas y manoseo del poder, la democracia es un mito y la justicia, una burla.


De nada sirven las convenciones internacionales cuando el poder se corrompe al punto de llevar a la ciudadanía a salir a las calles para exigir cambios de fondo en las políticas públicas y el relevo de los principales cuadros de gobierno. Los derechos humanos también se negocian en esas instancias mundiales, llegando a extremos tan degradantes como peligrosos para el equilibrio global, como sucede con el silencio cómplice de ciertos organismos ante el genocidio por motivos étnicos o religiosos o la imposición de intereses empresariales de las potencias económicas en los países en desarrollo.

En la mayoría de naciones, una falla en los sistemas de protección a la democracia reside en el excesivo poder de ciertos órganos del Estado, cuyo espacio legal les permite bloquear los espacios de participación de la población en la toma de decisiones, mediante la creación de obstáculos muchas veces contrarios a sus mandatos constitucionales.

En este escenario es fácil, entonces, el surgimiento de pequeños tiranos agazapados tras una careta de legitimidad, quienes prometen la aplicación de la fuerza para lograr el orden y luego se convierten en dictadores. La fuerza en medio de situaciones caóticas resulta a veces atractiva para una masa humana desesperada por cambios de fondo, pero también representa un peligroso retroceso a su aspiración de construir una nación con un estado de Derecho sólido y una justa distribución de la riqueza.

Las pretensiones de poder absoluto en las esferas politicas no son cosa del pasado y amenazan aún a las sociedades permisivas, hasta que éstas tocan fondo en su caída y se rebelan contra las injusticias y los abusos, arriesgando su vida.

Por si las dudas, me refiero a Egipto.

05.02.2011

Cien millones

La propaganda oficial no tiene lugar entre las prioridades del presupuesto de gastos.

El presidente Colom necesita que le canten alabanzas. Para eso gastó casi 150 millones de quetzales el año pasado y quiere por lo menos 100 para 2011, porque según su secretario de comunicación “tienen la obligación de informar a los guatemaltecos (sic)” sobre cada uno de sus supuestos avances, enfatizando de paso las cualidades de sus potenciales candidatos (o candidatas) a cargos de elección popular.

Ese dinero para alabar al señor Presidente y a su honorable esposa debe ser una parte de los 200 millones que le recortaron al Ministerio Público con respecto al presupuesto del año anterior. Como Guatemala está en jauja y su sistema de investigación y administración de justicia no necesita nada más que el aire de las montañas para funcionar como un reloj suizo, quizás el mandatario haya considerado fútil concederle los fondos requeridos por la Fiscal General para echar a andar las dependencias mínimas necesarias en el interior del país y contratar investigadores para los miles de casos acumulados.

Otro de los sectores que nada en la abundancia es el de la educación, con sus escuelas cinco estrellas en las cuales ni siquiera hay letrinas. Pero ahí tampoco se requiere mayor atención y mucho menos dinero del Estado, porque probablemente los niños y niñas que acuden a ellas ni siquiera terminarán el ciclo escolar. O los hospitales, cuyos magníficos edificios –carentes de mantenimiento, de camas, de personal, de ropa, de medicinas y de servicios básicos- albergan la miseria humana en su máxima expresión. Tampoco ellos merecen esa limosna.

El cacareo de las obras públicas no es necesario. De hecho, es inmoral hacer tanto ruido por un trabajo mal hecho y a medias, porque constituye un engaño a la población que vive de manera precaria esquivando asaltantes, estirando los pocos quetzales con que sobrevive el mes y pagando las consecuencias de la campante corrupción tolerada y consentida por el propio gobierno.

Si todavía les queda algo de sentido común –la decencia es un lujo en los ámbitos políticos- entreguen esos 100 millones para que sean invertidos en algo necesario y, si después de ese acto de generosidad se entusiasman con la idea de trabajar en la solución de alguno de los múltiples problemas graves que enfrenta este país, entonces de una vez tomen la decisión y eliminen esa secretaría de comunicación con todo y secretario para destinar esos fondos a una causa verdaderamente útil.

La propaganda oficial en año de elecciones es, además, una espada de doble filo. Para hacerla creíble se necesitaría de algún súper genio de la creatividad y eso es demasiado caro, por lo cual esos 100 millones van a despilfarrarse en vano.

31.01.2011

¿Democracia o dictadura?

El actual clima de violencia provoca pensamientos y deseos peligrosos.

La presentación de resultados del estudio realizado por la Corporación Latinobarómetro, arroja luz sobre aspectos muy relevantes de la vida de los 18 países latinoamericanos representados en la muestra y permite un vistazo a las principales fortalezas y debilidades de la realidad política, económica y social de estas naciones.

En lo que toca a Guatemala, el Latinobarómetro viene a ser como un espejo de aumento sobre cuya superficie resaltan aquellos rasgos prominentes de la nueva idiosincracia chapina, surgida como consecuencia de los largos años de conflicto armado, del predominio militar en sus estructuras institucionales y políticas, así como de la influencia del sector empresarial en los asuntos de Estado.

Uno de los puntos del informe muestra una aparente contradicción entre las demandas populares por la aplicación de mano dura en el control de la delincuencia –argumento utilizado por ciertos grupos para instaurar regímenes dictatoriales- y su evidente deseo de consolidar la democracia como sistema político. El desarrollo de este punto, efectuado por la socióloga Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, explica de manera contundente que, a partir del análisis de los indicadores, está clara la aspiración genuina por sistemas democráticos sólidos aún cuando la credibilidad de las instituciones garantes de dicho sistema –partidos políticos, congreso, sistema judicial- muestre una gran debilidad.

Esto genera un clima de incertidumbre que deriva hacia actitudes más proclives a la represión –como la demanda de mayor presencia policial en las calles- dejando en segundo plano soluciones de fondo a problemas estructurales, como por ejemplo la falta de acceso a la educación, en circunstancias que Guatemala es uno de los países con expectativas más bajas respecto al futuro de sus hijos.

El informe merece un estudio a fondo, algo imposible en un espacio editorial tan reducido como éste, pero sobre todo exige la atención de todos los entes involucrados en el proceso de consolidación de la democracia y, muy específicamente, en aquellas instancias políticas responsables por el debilitamiento de las instituciones que conforman la base del sistema.

Las consecuencias de las gestiones gubernamentales de los últimos decenios con su cauda de corrupción, clientelismo, ineficiencia, permisividad, impunidad y la innegable infiltración del crimen organizado en las estructuras del Estado, resultan obvias. El informe refleja la decadencia moral de una sociedad a horcajadas entre la aceptación del delito como forma de vida y la conciencia de su obligación de ejercer una ciudadanía responsable para la rehabilitación de la democracia. Vale la pena leerlo.

29.01.2011

Arte para todos

El arte es un espacio común, un vehículo de comunicación sin fronteras ni prejuicios.

Una ciudad es el espacio vital de muchas personas. Es en donde transcurre lo más trascendente de la existencia del individuo urbano, es el marco que rodea sus momentos, es la base que sustenta sus sueños, ambiciones, esfuerzos y donde finalmente toma forma su vida. Quizás por ello la ciudad debe –y, de hecho, lo hace- reflejar la esencia de sus habitantes, como un espejo mágico sobre cuya luna aparece todo aquello que nos condiciona y nos hace ser como somos.

Guatemala es, en muchos sentidos, el reflejo de esa decadencia. Sus grandes monumentos sufren de una desnutrición similar a la de los niños del campo. Se caen a pedazos hasta que aparece algún ciudadano capaz de mover la conciencia de quienes aún aprecian la belleza, y lo rescatan del olvido. Sus calles históricas asemejan una dentadura llena de agujeros, cuyos espacios vacíos fueron un día bellas construcciones, convertidas hoy en patios de estacionamiento.

¿Parques? No hay. Es una ciudad sin plazas arboladas, sin pulmones verdes para filtrar el aire enrarecido por la falta de regulaciones vehiculares y por el abuso de la actividad industrial sin normas de protección ambiental. En medio de esta tristeza gris y maloliente en la cual se ha transformado la “tacita de plata” existen, sin embargo, algunas señales promisorias que permiten soñar con la recuperación de tantas décadas de abandono.

Una de ellas es la presencia creciente de arte en las calles. Obras arquitectónicas de enome valor estético, pero también obra escultórica cuya repentina instalación provoca un rotundo cambio en el entorno citadino, actuando como un elemento de ruptura en un paisaje urbano deteriorado y caótico.

En otras épocas, gracias a guatemaltecos visionarios y con un claro concepto de la trascendencia del arte urbano, las obras de importantes artistas plásticos se integraron a grandes edificios públicos –como en el Centro Cívico y la Biblioteca Nacional- enriqueciendo así no sólo la infraestructura institucional sino además el acervo cultural de la población, cuyo contacto con estas manifestaciones estéticas constituyeron tema de análisis, orgullo y una mejor comprensión del arte.

La total ausencia de apoyo al arte y la cultura por parte de los gobiernos, aún cuando constituye un freno al desarrollo de este sector, afortunadamente no ha asesinado del todo el deseo y la necesidad vital de vivir en contacto con la belleza. Sin embargo, urge un cambio de actitud, es imperativo un proceso inverso para tomar conciencia de que, sin arte, un pueblo muere espiritualmente y se convierte en lo que casi es: una sociedad violenta, agresiva, temerosa y enfocada en el hoy porque no sabe si habrá un mañana.

24.01.2011