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viernes, 7 de septiembre de 2012

Corrupción es...

El beneficio personal parece ser la máxima prioridad.

La ley anticorrupción no pasa. Para quienes condicionan el destino de 14 millones de seres humanos desde los despachos oficiales, la transparencia en el manejo del gasto público es una amenaza, por limitar su libertad para enriquecerse con esos fondos. Pero no hay por qué preocuparse, ya que entrampar la ley es un juego de niños gracias a la indiferencia de la ciudadanía ante los manejos y componendas de sus legisladores y demás integrantes de la rosca del poder.
Da asco ver cómo se reparten el botín por medio de concesiones, privilegios y contratos de todo tipo. Pero es más repugnante aun observar el descaro de políticos y empresarios quienes, en total complicidad, hacen del erario una fuente de enriquecimiento, delito no tipificado porque no les conviene. El sector privado maneja parte de la agenda y sus socios políticos se encargan del resto. La ciudadanía no tiene voz ni voto en este expolio de los bienes nacionales, ejecutado a la vista de todos.
Mientras tanto, la niñez de Guatemala sobrevive –cuando tiene suerte- en el más profundo de los abismos. No hay dinero para escuelas ni centros de salud, mucho menos para alimentación. Pero se celebran foros internacionales en hoteles de lujo, en donde se reunen los burócratas de la región para discutir estrategias que no se realizan, soluciones que nunca van a prosperar y a gastar en viáticos, honorarios, cenas y alojamientos de lujo el dinero que hubiera servido para paliar las necesidades básicas de toda una comunidad.
En esta fiesta de la irresponsabilidad humana están todos involucrados. Desde los organismos internacionales hasta la última de las alcaldías. Resulta ofensiva la manera cómo se escatiman a la población necesitada los recursos básicos de sobrevivencia para destinarlos a gastos de operación superfluos, contratos con empresas fantasma, plazas de trabajo inventadas para favorecer a los amigos y proyectos con intenciones proselitistas. Adicionalmente están los fondos que jamás sirvieron para nada por falta de capacidad de ejecución de las autoridades locales.
Las necesidades de la población se han ido reduciendo progresivamente con el correr de los años y con la profundización del abandono. Ahora la niñez guatemalteca se conforma con no ser violentamente abusada, cuando antes esperaba como mínimo tener acceso a una buena escuela con maestros preparados, alimentación suficiente para cubrir todas sus necesidades nutricionales, vestuario decente y oportunidades de juego y esparcimiento.
En lo referente a la juventud, las cosas han ido mucho más lejos. Sin institutos vocacionales que les permitan acceder a una capacitación adecuada para garantizarse un futuro productivo, vagan por las calles exponiéndose a toda clase de peligros y buscando la manera de sobrevivir. Muchos de ellos terminan siendo reclutados por las organizaciones criminales a cambio de protección y medios de vida.
Lo que hace falta para corregir esta realidad no es un misterio. Faltan conciencia social, responsabilidad política y el carácter suficiente para poner orden en este caos.

sábado, 6 de agosto de 2011

Los kids de Nancy McGirr

Publicado el 06/08/2011

Hace 20 años, una reportera gráfica creyó en la remota posibilidad del cambio.
Visitar el basurero municipal de la capital guatemalteca no es ningún plan turístico. Allí se acumulan los gases tóxicos de la basura en descomposición sobre el desolador paisaje de los guajeros disputándose sus hallazgos con los buitres. En medio de ese entorno nacen y viven muchas niñas y niños que no conocen otra forma de existencia.

Allí fue donde Nancy McGirr, reportera gráfica de Reuters, a quien le tocó cubrir la guerra en Centro América, encontró la fuente de inspiración para Fotokids, uno de los proyectos más enriquecedores que se han creado para la población infantil en situación de riesgo. Iniciado con un grupo de seis infantes entre 5 y 12 años de edad a quienes ella les entregó cámaras fotográficas para que registraran sus propios entornos familiares, el proyecto se convirtió con los años en una de las iniciativas más exitosas de la región para rescatar a la población infantil y ofrecerle una oportunidad de desarrollo a través de un medio tan original como inesperado.

El talento y la determinación, como demostró la iniciativa de McGirr, no dependen del nivel socio económico ni del bagaje cultural. Son cualidades innatas y sólo es cuestión de crear las condiciones favorables para que florezcan en donde menos se sospecha. Cuando Nancy McGirr vio las fotografías tomadas por los niños pioneros de este proyecto innovador, comprendió que ahí estaba el factor del cambio y concentró todos sus esfuerzos en convertirlo en un proyecto de largo plazo.

Hoy Fotokids no solo llegó a su vigésimo aniversario, sino además viene con resultados concretos y medibles. Cientos de niñas y niños beneficiados con el trabajo de documentación del mundo que les rodea y dueños de un lugar propio, digno y bien ganado en este mundo, ha sido uno de los logros fundamentales a lo largo de dos décadas. Este año, seis comunidades se han beneficiado con esta iniciativa que mantiene a la niñez alejada de las pandillas y enfocada en su desarrollo y el de sus familias, a partir de una idea brillante de bajo costo y enormes proyecciones.

Para celebrar este aniversario emblemático, Fotokids exhibe sus fotos y cuenta su historia. Pero esa historia está trenzada con la vida misma de sus jóvenes protagonistas, en quienes recae todo el peso de la obra. Escenas cotidianas de una fuerza expresiva excepcional, un tratamiento gráfico y estético carente de concesiones, testimonio de la pobreza que los rodea, y una mirada íntima a los personajes, se convierte, en esta muestra, en una importante denuncia social que no debemos ignorar.

Fotokids es un ejemplo de lo que se puede lograr si hay voluntad para hacerlo. Guatemala, no debemos olvidarlo, tiene cerca de 6 millones de niñas y niños menores de 14 años, de los cuales por lo menos 4 millones viven en pobreza extrema, esperando una oportunidad.

domingo, 17 de abril de 2011

Paliativos condicionados

El gobierno conoce bien las estratagemas electoreras. 

“¡Ala… qué buena onda! Este gobierno es el primero que se preocupa por nosotros”, dirá probablemente un joven beneficiado con el cheque de 1,000 quetzales que recibirá a través del ministerio de Trabajo. Lo que ese joven no sabe es que, mientras el gobierno compra su voto con la mano derecha, con la izquierda destruye sus esperanzas de alcanzar un mejor futuro, ya que esos fondos irán en desmedro de planes estructurales mediante los cuales podría construirse un mejor sistema educativo y, por ende, crear oportunidades para el segmento joven de la población.

Los problemas del país no se resolverán repartiendo bolsas con víveres ni dinero en efectivo. Esa es una estrategia de emergencia para un gobierno prácticamente colapsado y carente de otros objetivos que no sean conseguir la continuidad en el poder. Un país alcanza el desarrollo sobre una plataforma de programas con alcance nacional, cuyas acciones sean de largo plazo y estén enfocadas en la creación de estructuras autosostenibles.

Los resultados y las pretensiones están a la vista: ¿qué ha conseguido el gobierno con la aplicación de los programas asistencialistas? Adeptos. ¿Qué pretende conseguir con la repartidera de quetzales entre los jóvenes desempleados? Votos. ¿Cuál ha sido el aporte de la administración de la UNE para el desarrollo nacional? Ninguno relevante. La seguridad de la nación ha sufrido el peor deterioro de los últimos 20 años. La infraestructura escolar está colapsada, igual como lo está la de salud.

Políticas públicas para la atención de los grupos más vulnerables, como la niñez y la adolescencia, el sector de mujeres, los ciudadanos en edad de retiro y la población agrícola y campesina, son inexistentes. El término más descriptivo de la actitud de este gobierno es “asistencialismo electorero”, dado que sus programas -dirigidos en su mayoría a los más necesitados- han tenido como objetivo primordial mantenerse en el poder y consolidar sus redes de influencia y no cambiar las condiciones de vida de ese grupo poblacional.

Lo que falta por ver es cuál será la metodología en la aplicación de este plan de empleo mínimo para jóvenes en situación de vulnerabilidad. El Presidente afirma no conocer los detalles, como si alguien pudiera creer semejante vacío de información. De hecho, si efectivamente no los conoce, significa que no está haciendo su trabajo y permite iniciativas fuera de su control. De cualquier modo, un análisis somero indica que esta estratagema costará cara a quienes pagan sus impuestos y restará fuerza a programas con visión de futuro, más coherentes con una democracia firme y duradera basada en la equidad de oportunidades.

02.04.2011

Maternidad infantil

En lugar de muñecas tienen bebés de verdad, pero en su vida el juego ya no tiene cabida. 

Los registros del sistema de salud y de algunas organizaciones no gubernamentales como el Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva, la Asociación Guatemalteca de Mujeres Médicas y el Fondo de Población de Naciones Unidas, muestran que en Guatemala se producen partos en niñas a partir de los 10 años. Para que eso sea posible, han debido quedar embarazadas a los nueve, cuando deben estudiar, jugar y desarrollarse en un ambiente seguro de amor y protección.

Esto hace suponer que si las niñas menstruaran antes, habría presencia de embarazos desde cualquier momento de su infancia, dado que para el abuso sexual no hay edad límite y estas criaturas lo sufren prácticamente desde el momento de su nacimiento. Semejante realidad, por cruda que parezca, es cada vez más obvia desde que existen campañas para visibilizar el problema.

En Guatemala, como en otros países, la cultura patriarcal considera una hazaña la violación sexual e instituye el maltrato intrafamiliar como un derecho masculino adquirido por tradición. Estas aberraciones forman parte del entorno cotidiano y tanto la sociedad como sus instituciones han sido cómplices al rehusarse a combatir estos crímenes pretendiendo ignorar sus alcances y, por ende, minimizando sus consecuencias.

A tal punto llega la tolerancia al abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes que incluso se culpa a las propias víctimas, en un vicioso círculo de manipulación de evidencias que termina eximiendo a los verdaderos perpetradores. Para explicar con mayor claridad la dimensión del problema, baste decir que una de cada 3 niñas inicia su vida sexual de manera traumática siendo violentada, la mayoría de las veces, por algún pariente cercano –muchas veces su propio padre- o un amigo de la familia.

Si se considera que apenas el 40 por ciento de los partos son atendidos en hospitales o centros de salud, a estas cifras habría que sumarles el amplio universo de casos no registrados, especialmente en el interior del país.

Las instituciones que trabajan sobre el objetivo de erradicar estas siniestras manifestaciones “culturales” y combatir la discriminación y el abuso contra niños, niñas y adolescentes, se encuentran muchas veces enfrentadas a un muro de silencio en los círculos de poder, por un pacto tácito entre políticos cuya vida personal es, probablemente, reflejo de la misma patología.

La niñez es el período formativo fundamental del ser humano. Una niña violada es destruida para siempre. Su cuerpo, al igual que su psiquis y su vida futura, quedan marcados por esa agresión salvaje que nada ni nadie puede reparar.

12.03.2011

La niñez robada

¿Qué necesita un ser humano durante sus primeros años de vida, sino atención y cariño? 

En este mundo de egoísmo delirante, el ser humano ha pasado a ser un subproducto manipulable al servicio de grupos económicos, religiosos o políticos que han hecho de él la materia prima fundamental en la construcción de sus redes de influencia. La persona ha dejado de ser un individuo con derechos para derivar en un elemento neutro dentro de esta enorme pirámide de poder que constituye la sociedad mundial.

Por eso no debería sorprendernos el irrespeto por la niñez en países sometidos a la influencia de las grandes potencias, en los cuales prima el beneficio de una casta política y económica cuyos objetivos están enfocados en el enriquecimiento personal y la consecusión del poder a toda costa.

En Guatemala, así como en muchos otros países del tercer mundo, la niñez es prácticamente inexistente. Ese período durante el cual el ser humano desarrolla las bases de su potencial intelectual y físico es, en estas tierras, un tiempo de abandono, de abuso y de inanición. De ahí que ante el trabajo infantil, la carencia de recursos educativos o los embarazos en niñas y adolescentes nos quedamos impávidos y miramos hacia otro lado con ese gesto de fatalismo propio de los pueblos fracasados.

Dadas las circunstancias, ¿con qué derecho nos horrorizamos ante la proliferación de las maras o las muestras de sadismo en niños y adolescentes cuando cometen crímenes, la mayoría de las veces inducidos por adultos? ¿Dónde quedó nuestra capacidad de autocrítica y dónde la conciencia? En una nación incapaz de proporcionar un ambiente de mínima seguridad a sus niñas, niños y adolescentes, estas patologías se vuelven una amenaza a la integridad de su existencia misma.

Cuando escuchamos –y creemos- el discurso cliché de los políticos cuyas ambiciones les nublan la visión y les impiden hacer contacto con la realidad, lo que hacemos es transformarnos en cómplices activos del asesinato de una nación que alguna vez tuvo un futuro promisorio. Y también somos agentes de su destrucción al mantener una actitud pasiva frente a la expoliación de los recursos naturales, la corrupción gubernamental o la violencia que día a día golpea a nuestra sociedad.

Pero en este concierto desafinado lo más grave es el irrespeto a los derechos de la niñez y la juventud, segmento mayoritario de la población en el cual reside la única esperanza de recuperación de los valores que en algún momento de la historia dieron sentido a su orden constitucional y a sus instituciones.

En Guatemala, la niñez no existe. Ni en las clases más acomodadas pueden los niños salir a la calle sin ser vigilados o disfrutar de la compañía de sus padres sin amenaza de sufrir algun tipo de violencia. Entre los más pobres, la norma implacable es una muerte prematura.

Educación y alimento

La niñez guatemalteca no es tan exigente. Con que les alimenten el cuerpo y la mente, son felices. 

Si esa mayoría de diputados señalados por corruptos e ineficientes tuviera un atisbo de inteligencia y sensibilidad social, se darían cuenta de las ventajas implícitas en adoptar una actitud más abierta y empática hacia los problemas fundamentales del pueblo y cuán fácil podría ser aminorar algunos de ellos con sólo acudir a las sesiones, participar en las discusiones, analizar las propuestas y votar.

Diversas instituciones han coincidido al señalar que se aproxima una crisis alimentaria más aguda que todas las anteriores. También existe la certeza de que los reportes oficiales de niñas y niños con desnutrición crónica y aguda son inexactos y que otros datos muestran con mayor crudeza el nivel de abandono de estos sectores, sobre todo en el interior del país y entre la población indígena. Sin embargo, tanto en el Congreso de la República como en los despachos ministeriales parece haber un pacto de silencio y un acuerdo tácito de centrarse en las negociaciones relacionadas con el proceso electoral.

Nunca como hoy las escuelas estuvieron tan ruinosas y abandonadas. La educación no es prioridad para nadie, lo cual se comprueba fácilmente al visitar los establecimientos educativos del sector público, donde los servicios más fundamentales, como instalaciones sanitarias y agua potable, son un lujo desconocido. Y para qué hablar de refacción escolar.

Estos factores serán determinantes en el futuro de la niñez guatemalteca, tanto como la falta de alimentos durante sus primeros cinco años de vida. Su cerebro no va a desarrollarse a plenitud, su cuerpo llevará el estigma de la pobreza y tendrá todas las patologías asociadas a una alimentación deficiente, su vida social estará limitada a un entorno degradante y amenazador para su integridad, en fin, será un paria en su propio territorio por decisión de quienes podrían haber marcado la diferencia con sólo poner atención a lo prioritario y dejar por un lado sus intereses personales.

Guatemala es un país que ha llegado al extremo de avergonzar a sus habitantes. Se habla de Guatemala por los crímenes de extrema violencia y sadismo; se menciona al país por ser territorio narco; salta a las primeras páginas por los inconcebibles niveles de corrupción de sus autoridades; por tener a ex presidentes y ministros encarcelados por ladrones; por haber descendido a lo más bajo de las categorías en indicadores de desarrollo; por no tener –ni sus autoridades ni sus ciudadanos más influyentes- concepto alguno de lo que significa la visión de nación.

La niñez se cobrará la deuda histórica de sus políticos y de sus sectores de poder económico. Algún día sus padres comprenderán cómo fueron atrapados en la mentira del juego político, pero entonces no habrá manera de reparar el daño causado.

21.02.2011

sábado, 8 de agosto de 2009

Picando piedra

El trabajo infantil es una patología social de viejo cuño. La infancia ha sido explotada a lo largo de la historia de la Humanidad. Es parte de la cultura y así se ha tolerado gracias al amparo de leyes y doctrinas religiosas: los padres son dueños de sus hijos o, lo que es igual, niñas y niños dependen de la suprema voluntad de sus padres. De este modo, se han consolidado formas de abuso físico, sexual, económico, moral y psicológico contra la infancia y la adolescencia bajo la complaciente mirada de líderes políticos y espirituales. Si estas formas de explotación existen con relación a la mujer adulta, con mayor razón la población más vulnerable, aquella cuya edad y situación legal les priva de toda protección, se mantiene en una situación de completo sometimiento a las decisiones de sus mayores. En algunos casos el trabajo infantil corresponde a un patrón cultural de supervivencia familiar enraizado en las más antiguas tradiciones. Para ciertas comunidades, la llegada de los hijos es una forma de incrementar la mano de obra y, por ende, el patrimonio familiar. Entonces los vástagos se incorporan a las labores agrícolas en cuanto tienen la edad suficiente para resistir las duras jornadas, y así se convierten en eslabones de la cadena productiva. En el caso de las niñas, simplemente se las destina a labores domésticas y se les niega el derecho a la educación con la excusa de que de todos modos terminarán cocinando, barriendo, lavando y criando hijos. Esta manera de adoctrinamiento las va condicionando a una actitud de resignación y a aceptar un destino predeterminado por razones de género y su esfuerzo laboral, aún cuando sea extenuante, continúa siendo menos apreciado que el de sus hermanos varones. Este escenario es común en todos los países cuyo escaso desarrollo social y altos niveles de corrupción dejan a la población de escasos recursos a la deriva. Para estos sectores no hay razones que valgan. Si se obtienen más ganancias empleando a niñas y niños para las labores más duras y peligrosas, como fabricar artefactos pirotécnicos o picar piedrín, no habrá ley que lo impida. Al fin y al cabo, las sagradas leyes de la oferta y la demanda facilitan enormemente el reclutamiento de menores hambrientos y abusados. El esfuerzo por visibilizar la explotación de menores –especialmente en lo referente a su derecho a no trabajar- tendrá resultados a partir del momento en que se apliquen de manera implacable las penas por prevaricato, corrupción, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito y otras violaciones presentes en la administración pública y en la iniciativa privada. Hasta que eso no suceda y no se corrija esa clase de abusos, de nada servirá proclamar nuestra complacencia y expresar nuestra aprobación por la celebración del Día Mundial contra el Trabajo Infantil.