sábado, 9 de mayo de 2009

La Peste

(Publicado el 02/05/2009 en Prensa Libre) El peligro de una pandemia es la debilidad de los sistemas de salud en los paises pobres, incapaces de enfrentar una emergencia de grandes proporciones. Esto ha sucedido en muchas ocasiones durante la historia de la Humanidad. Un brote infeccioso capaz de atacar sin aviso y de expandirse sin control sobre una poblacion indefensa es una de las imagenes mas devastadoras que es posible imaginar. El enemigo invisible, la peste. Hoy los noticiarios del mundo concentran su atencion en el brote del virus AH1N1, llamado de modo mas coloquial gripe porcina por provenir de una mutacion de las gripes aviar y porcina combinadas con un factor humano. Otra consecuencia, probablemente, de la manipulacion genetica tan comun en el campo de la agroindustria, pero cuyo origen aun continua siendo un misterio para la poblacion. Este terremoto sanitario tiene su epicentro en Mexico, y ya ha cruzado mares y oceanos para reproducirse sin mayor dificultad en Australia, Corea, Francia, Estados Unidos y otros paises a donde lo haya depositado un viajero contagiado. La Organizacion Mundial de la Salud ha aumentado su alerta al grado 5, pero no tiene la respuesta para establecer hasta que punto podria este virus representar una catastrofe de proporciones mundiales, o si quedara reducido a una amenaza controlable en las proximas semanas. Los paises pobres, sin embargo, y especialmente los fronterizos con Mexico, estan cayendo en un panico comprensible aunque tan perjudicial como la peste misma. En el contexto economicamente critico en el cual se encuentra el mundo actual, una epidemia tan costosa en recursos como en vidas humanas se magnifica de una manera exponencial. Las naciones como las nuestras, carentes de la mas elemental infraestructura y con medios limitados para atender cualquier problema sanitario fuera de lo comun, se veran en serios aprietos si no se encuentra en un plazo breve la manera de controlar la expansion de la epidemia, garantizando al mismo tiempo la provision de vacunas y medicinas para tratar los casos existentes y creando conciencia en la poblacion respecto a la necesidad de adoptar habitos de higiene adecuados. Esta situacion vino a complicar aun mas los graves problemas por los cuales atraviesa la economia de los paises latinoamericanos, pero muy especialmente en Mexico. Solo de pensar en las perdidas que ya ha representado el cierre de establecimientos de servicio, de escuelas y centros de trabajo, es posible calcular que las cosas van a ponerse aun mas duras en el mediano plazo. La resaca sera como subir una pendiente arrastrando rocas. En Guatemala, el golpe puede resultar duro para las zonas fronterizas, las cuales ya tienen otros serios problemas que ya complican de manera significativa la vida de sus habitantes. Lo que menos se necesita ahora es una amenaza sanitaria cuyas primeras victimas seran las personas de menores recursos, especialmente en los grupos mas vulnerables de ancianos, mujeres y ninos.

Una cumbre diferente

(Publicado el 27/04/2009 en Prensa Libre) Son muy altas las expectativas de los presidentes latinoamericanos respecto a la política exterior de Estados Unidos con el hemisferio. En realidad, no se necesitaba mucho para marcar una diferencia crucial entre George W Bush y cualquier sucesor. Bastaba con alguien dotado de carisma, sentido común, sensibilidad humana e inteligencia para que esa distancia quedara establecida. Sin embargo, Barack Obama supera esos requisitos mínimos y, con su ya proverbial habilidad diplomática, comienza a perfilarse como un potencial aliado para los países del hemisferio sur. Otra cosa son las expectativas, tanto de los mandatarios latinoamericanos como de las sociedades de estos países, cuya percepción de la política de la Casa Blanca ha ido desde el rechazo hasta la discriminación, pasando por toda clase de matices político económicos, en ninguno de los cuales se ha evidenciado el menor interés por parte de los gobiernos estadounidenses por el desarrollo del sur. Estas expectativas están teñidas, sin duda, por las nuevas tendencias hacia la izquierda de los gobiernos del hemisferio. Estas administraciones de corte socialista, aún cuando llevan una línea claramente populista, saben lo que es ceder espacios importantes en los terrenos sociales, políticos y económicos con el propósito de evitar la profundización de las divisiones dentro de sus países, pero sobre todo para encajar con mayores oportunidades en el contexto mundial. Por ello es importante tomar en cuenta que aún cuando el presidente estadounidense tenga intenciones de generar mayores y mejores relaciones con las naciones de América Latina, sus prioridades están claramente establecidas en una agenda cuyo orden no depende únicamente de su decisión, sino de un plan de gobierno consensuado con otros sectores y entre las cuales defender su tajada del comercio mundial es una de las más importantes. La recién pasada Cumbre de las Americas dejó algunas lecciones interesantes sobre el nuevo líder estadounidense. Acostumbrados como estábamos a la arrogancia y a las insensateces de Bush, el contraste con este político directo capaz de hablar sin aspavientos y decir las cosas por su nombre, fue un soplo de oxígeno muy saludable. Su actitud amable tiene un efecto adicional interesante, y es dejar sin espacio de manipulación a quienes han hecho de su antiamericanismo visceral una bandera de lucha. Es decir, Chávez, Morales y compañía. En el tema migratorio, cualquier avance será bienvenido, aunque eso no signifique necesariamente cambios fundamentales en la política actual. Las esperanzas de un giro de ciento ochenta grados en el rumbo de la Casa Blanca son imposibles de alcanzar, pero una moderación en el tono puede hacer una enorme diferencia con el pasado reciente.

La Tierra

(Publicado el 25/04/2009 en Prensa Libre) Damos por hecho que este planeta podrá sobrevivir a nuestro afán destructivo. La realidad es muy otra y podemos comprobarla. No hace más de 10 ó 15 años, hablar de contaminación ambiental, de destrucción del hábitat o del deshielo polar chocaba con la poderosa campaña de lobby de las grandes compañias y los gobiernos del primer mundo en contra del activismo ecológico. Miles de millones de dólares invirtieron estos gigantes multinacionales para descalificar a los científicos que lograban una tribuna para expresar su preocupación por lo que ha sucedido en nuestro planeta durante el último siglo. Hoy no han podido detener el abrumador peso de las evidencias y el mundo escucha, por fin, voces oficiales que advierten sobre la destrucción del ambiente a nivel planetario. ¿A dónde se desplazó lo que despectivamente llamaban ecohisteria? A las casas de gobierno, al concierto de naciones, a las agencias de desarrollo, a las grandes universidades, a los centros de investigación científica y a los organismos encargados de velar por la salud y la seguridad de los habitantes del mundo. La destrucción del entorno ha dejado de ser un tema de relaciones públicas para compañias petroleras y por fin se ha erigido en una plataforma estratégica para enfrentar el problema en el siglo actual. Lo más difícil será, sin embargo, cambiar la mentalidad a nivel individual. Incluso quienes presumen de tener conciencia ecológica manifiestan conductas poco amigables con su medio ambiente y no contribuyen a cambiar los vicios destructivos que tienen a nuestro planeta al borde del colapso. Acciones tan aparentemente banales como reunir la basura sin clasificar, usar bolsas plásticas cada vez que vamos de compras, imprimir toneladas de hojas porque preferimos leer en papel en lugar de hacerlo en el monitor de la computadora o el simple acto de dejar todos los aparatos enchufados aún cuando no los usamos, representan varios pasos hacia la degradación de nuestro entorno. El uso inteligente y adecuado del agua, ese tesoro sin el cual no podría existir vida alguna, es un tema que todavía en este siglo nos parece intrascendente, a tal punto que ni siquiera constituye una materia en el pensum escolar. Creemos que transmitimos valores y una educación completa a nuestros hijos, pero les permitimos repetir nuestros errores y los animamos a desperdiciar aquello que será un lujo inaccesible para quienes vienen después que nosotros. La irresponsabilidad, la arrogancia y la ignorancia nos han convencido de que somos dueños del universo, pero sólo hemos sido capaces de generar un desarrollo a la inversa –la destrucción de lo que había y la incapacidad de volver a crearlo. Si nuestra cultura de desperdicio no cambia de manera radical, será lo único que dejaremos como herencia a nuestros sucesores.

El Mercadito

(Publicado el 20/04/2009 en Prensa Libre) En tiempos de vacas flacas, lo menos que se espera de las instituciones del Estado es un poco de solidaridad con la población. Es un mercadito modesto. Cada sábado, muy temprano por la mañana, comienzan a instalarse los puestos de los pequeños agricultores en una parte del estacionamiento frente a lo que fue el Comisariato del Ejército. Papas tiernas, lechugas frescas, elotes criollos, tomates y toda clase de verduras y legumbres salen de los canastos para exhibirse a los ojos de los clientes asiduos. Buenos precios y un poquito de regateo ayudan a más de un ama de casa a balancear su ya escurridizo presupuesto semanal. Pero no. Los supuestos dueños del terreno –es decir, el Ejército de Guatemala- desean limpiar el frente de sus instalaciones de la presencia de intrusos; así, estos pequeños comerciantes que se ganan la vida honradamente ofreciendo sus productos los sábados por la mañana, deben marcharse a otro lado, si es que pueden y, si no, también. Las razones aducidas por los encargados de comunicar la mala nueva a los vendedores no resultan muy coherentes. Aseguran que el ministro debe firmar el documento para autorizar esta pequeña feria. Pero el ministro aún no lo ha firmado. Como los afectados no tienen posibilidad alguna de escalar esa interminable y kafkiana pirámide burocrática, no tienen más opción que aceptar la razón por válida y resignarse a ser expulsados de su feria, a ver si logran conseguir otro sitio para instalar sus ventas. A simple vista, esta medida es tan injusta e innecesaria como cerrar la Escuela de Equitación –también del Ejército- para ceder esos terrenos al inútil Parlacén. En su momento, muchos alzamos la voz contra esa medida, por lo cual se espera un mínimo de sensibilidad en la institución castrense para ponerse en el lugar de este grupo de guatemaltecos esforzados que vienen a la capital en la madrugada, cargados de productos frescos para sus clientes. ¿Qué daño puede hacer al prestigio del Ejército de Guatemala alojar en sus terrenos –los cuales, por cierto, pertenecen a toda la población- a un pequeño mercadito cuyo único propósito es generar ingresos para familias pobres y beneficiar de paso a los consumidores de sus productos? Estas son las actitudes discriminatorias y difícilmente comprensibles que crean resentimiento y animadversión entre unos sectores y otros. Para los pequeños productores, la expulsión resulta un acto hostil por parte de una institución que los ha acogido durante varios años sin haberse producido problema alguno. Quizás quienes tomaron la decisión de barrer el mercadito, consideren adecuado “rescatar” este pedazo de pavimento con la intención de que nada obstaculice la perspectiva del frente de sus instalaciones. Sin embargo, desde la tribuna se ve distinto, se percibe como un gesto mezquino y poco solidario que en nada contribuye a reestablecer la paz entre hermanos, sobre todo en tiempos de tanta violencia y pobreza.

Valores desechables

(Publicado el 18/04/2009 en Prensa Libre) El valor de la vida humana ha bajado de categoría. Hoy se cotiza barato e incluso se presume de no darle mayor importancia. Eso es “cool”. Al señor ministro sólo le faltó poner su zapato sobre el flanco del “Smiley” para la foto, como hacían los cazadores de leones en África. Su presencia en la escena le presta una trascendencia innecesaria a la captura y al mismo tiempo le resta seriedad a su figura como funcionario de Estado. Cuesta creer que la policía en pleno haya concentrado su atención en la captura de un asesino de quinta categoría cuyo protagonismo ha sido más que mediatizado, en lugar de convencer a la ciudadanía de que por fin se ha iniciado una labor consistente para detener la inconcebible crisis de seguridad en que vivimos todos. Porque si el “Smiley” es tan poderoso, es plausible conjeturar que también ha tenido su parte en la desaparición de los 82 millones del Congreso, los fondos del IPM, los fondos del IGSS, del Crédito Hipotecario, el asesinato de Víctor Rivera y quizás hasta las masacres perpetradas por los Zetas llevan también su sello de identidad. No se trata de restar importancia a su captura, pero tampoco se puede sobredimensionar algo que viene siendo como una gota en el océano. Las cárceles y los barrios marginales están abarrotados de pandilleros tanto o más peligrosos que este cuasi adolescente que roba y asesina por diversión. Así también proliferan los ex militares y ex funcionarios cuyos actos de corrupción constituyen la piedra angular del desastre en el cual se encuentra la Nación en términos de seguridad ciudadana, cuya población está en riesgo permanente por falta de oportunidades y cuya infraestructura de servicios públicos desciende al rango de catástrofe nacional. ¿Por qué no están ellos también en la foto con el ministro? ¿Acaso merecen trato especial como arresto domiciliario con permiso especial para viajar a Miami cuando se sientan muy deprimidos? La sociedad no necesita más circo. Un plan de seguridad serio y bien estructurado no requiere del escenario del Teatro Nacional para darse a conocer, sólo se necesita voluntad política y medidas puntuales y oportunas, consensuadas con la sociedad y un compromiso de todos los sectores –en especial del Congreso de la República- para tomar en serio el tema a la hora de legislar y establecer las reglas del juego. El “Smiley” se burla en público de sus captores al confesar sus fechorías con tanto desparpajo. Él sabe, mejor que nadie, las oportunidades que se les presentan a los criminales para salir indemnes de los juicios y de las cárceles. Él convive con la escoria y conoce sus secretos, entre ellos los mecanismos de corrupción en la Policía y el sistema penitenciario. Él sabe que no es importante, porque tampoco es el único ni el peor.

jueves, 9 de abril de 2009

Capacidad de Respuesta

(A publicar el 13/04/2009) Guatemala es un país vulnerable no sólo por sus debilidades políticas, sino también por sus características geológicas. A esta breve escala entre actividades que solemos llamar pomposamente “vacaciones de verano” le debemos el tiempo para pensar en otras cosas, porque aparte de quienes dedican estas fechas a observar los ritos tradicionales o se afanan por llenar playas hasta el límite de su capacidad y a sufrir con afán masoquista el tráfico en las carreteras, estamos quienes tuvimos la genial idea de quedarnos en casa disfrutando de una ciudad más tranquila y un aire más puro, entre temblor y temblor. Esto último fue lo que me dio pie para pensar sobre los sistemas de emergencia en la eventualidad de que los modestos movimientos tectónicos perceptibles desde el sábado 4 de abril terminaran en un auténtico terremoto. Y esto no es la macabra predicción de una mente exaltada sino la realidad simple y llana de un territorio rodeado de algunas de las fallas más activas del mundo, situado en pleno cinturón de fuego. Lo primero, es la total ausencia de educación respecto a los procedimientos y técnicas de seguridad necesarios para enfrentar una emergencia de grandes proporciones, dirigida a la población en general, la cual obviamente actuará como le dicte su mejor criterio sin una coordinación capaz de reducir el impacto de una catástrofe en cuanto a pérdidas humanas y materiales. La infraestructura tampoco ayuda. Hace algunas semanas se publicó un reportaje sobre las condiciones actuales de los grandes puentes que cruzan los barrancos alrededor de la capital. En esa investigación quedó claro cómo los especialistas habían recomendado, desde hace ya muchos años, ciertos procedimientos de control, evaluación y reforzamiento de sus estructuras, trabajos que jamás se hicieron. Las consecuencias de esa negligencia podrían representar el aislamiento de extensas zonas de la ciudad -en algunos casos ni siquiera hay rutas alternas- sumando a ello el posible colapso de esos puentes de intenso tráfico. Otro caso de estudio son las normas de construcción de grandes edificios. En Guatemala son escasas las edificaciones de gran capacidad que cumplen con el requisito fundamental de contar con sistemas y salidas de emergencia. Esto no sólo se observa en torres de oficinas y apartamentos sino también en discotecas, cines y centros comerciales, en los cuales un incendio o un terremoto podría costar innecesariamente la vida de cientos de personas. La capacidad de respuesta de un sistema nacional empieza por la creación de una red eficaz y de amplia difusión. ¿Dónde está la nuestra?

El Perro y las Salchichas

(Publicado el 06/04/2009) El problema con los privilegios para los funcionarios, es que ellos no saben controlar su adicción al poder. Libertad para obtener cuantas municiones deseen, del calibre que sea, para utilizar armas de cualquier tipo porque ellos son funcionarios o ex funcionarios de Estado, es la última de las increíbles movidas de los flamantes legisladores. En este país agobiado por la violencia criminal y política –porque no pretendan ahora afirmar que los ataques a la doctora Gladys Monterroso o al periodista Rolando Santiz fueron delincuencia común- es un insulto más a la sensibilidad de la población que los diputados jueguen a los vaqueros con un tema de tal trascendencia. La exención de requisitos y limitaciones en la adquisición de armas y municiones para los representantes del pueblo en el Congreso de la República no es ilegal -porque para ello los propios legisladores redactaron la ley- pero sí es una decisión que resta legitimidad a su actuación y genera muchas dudas sobre sus intenciones. El mensaje enviado a la sociedad, pero sobre todo a la juventud, es muy claro. La medida expresa un total escepticismo respecto a una recuperación de los valores y la estabilidad institucional, les dice cuán importante es para ellos su seguridad personal y cuán poco les importa la del resto de la población. Les echa en cara su poder para obtener privilegios mientras prohiben a sus conciudadanos aquello de lo cual gozan sin restricciones. Echando una mirada en retrospectiva, analizando la reputación, los actos delictivos, los nexos con el narcotráfico y la orgía de corrupción en la cual se ha desarrollado la actividad legislativa durante los últimos veinte años, da pánico pensar en los alcances de este libertinaje, el que inevitablemente hace reflexionar sobre lo aventurado que es colocar al perro al cuidado de la salchichonería. En una sociedad que pierde valores y esperanza de manera dramática, la conducta de estos funcionarios da vergüenza. Lo menos que podría esperarse de ellos es un mínimo espíritu de solidaridad con quienes dependen de sus acciones en el máximo organismo representativo del sistema democrático. Una actitud responsable y seria daría pie a comenzar a reconstruir a esta sociedad dividida entre su deseo de continuar la lucha por un sistema equitativo y justo, y un instinto de supervivencia primario que empieza a hacerles añorar una administración de mano dura. Lo que hoy sucede en Guatemala ha alcanzado niveles nunca vistos, ni siquiera cuando los esbirros de Romeo Lucas y sus cómplices salían a eliminar ciudadanos a mansalva. Si esto no es suficiente para despertar la conciencia de los diputados, entonces ¿qué se requiere para lograrlo?

La Gota

(Publicado el 04/04/2009) Es un decir: la gota que rebalsó el vaso. Pero, de hecho, son chorros cada día y el vaso no se rebalsa. Ayer fue un viernes de dolores, de luto, de protesta y mucha indignación. El desfile de los huelgueros no hizo más que darle color a la rabia y a la impotencia de la gente, mientras en las altas esferas la reacción a los sucesos de la semana se reduce a unos leves ajustes aquí y allá –cambio del director de Presidios, intento de interpelar al ministro Gándara, si mucho- para dar la impresión de que la incapacidad se ha convertido repentinamente en eficiencia. Entre las medidas de seguridad, la suspensión del permiso de salida de los presos. No, no es broma. Hay permisos especiales para los reclusos de las cárceles y habría que ser muy ingenua para ignorar cómo la mayoría de ellos aprovecha ese privilegio para violar la ley. Las declaraciones de los funcionarios van poniéndose más extravagantes a medida que sienten la presión de la sociedad, hastiada de violencia. Aún a pesar de encontrarse rodeados por burócratas lambiscones y mentirosos, no pueden evitar enterarse de los sucesos del mundo real, por lo cual terminan pergeñando excusas para salir del paso. Entre ellas, sobresale la gran novedad de que el crimen organizado tiene más recursos y elementos mejor equipados que los de la PNC, a pesar de que el flamante ministro de Gobernación asegura que con los policías actuales basta para hacer frente a la tarea y confía en capturar al Smiley para regresar a Guatemala a su estado normal. El tono de los crímenes cometidos a diario y en abundancia –su extrema crueldad y la selección de sus víctimas- hace sospechar la existencia de un plan. Pero no el supuesto plan “desestabilizador” al que hacen referencia todos los presidentes cuando se sienten abrumados por su propia incapacidad, el cual se fraguaría para debilitar al gobierno. En este caso, el plan es contra la sociedad, contra sus instituciones, contra la psiquis colectiva, contra el tejido social cuya cohesión constituye una amenaza para la supervivencia de los poderes fácticos. Hoy no corren rumores ni se elaboran conjeturas ajenas a la realidad. Todo lo que un ciudadano pueda imaginar de corrupto y torcido, existe entre sus autoridades. En el momento que vivimos, las cosas empiezan a perfilarse más claramente y cuando se menciona la existencia de grupos armados clandestinos conectados con instituciones del Estado, nadie se sorprende de un hecho que ya forma parte de su entorno. El problema es que ya se acaba el tiempo y a los genios de la retórica que gobiernan el país también se les acaban las excusas. Lo que se está jugando es la vida de personas buenas, inocentes, trabajadoras y productivas, algo que no se puede decir de quienes tienen en sus manos el poder de decisión sobre el futuro de todos.

Derechos Humanos

(Publicado el 30/03/2009) Los derechos humanos son las condiciones inherentes a la persona que le permiten integrarse a la sociedad de manera digna. Es muy preocupante observar la expedita divulgación de estereotipos, probablemente porque es más fácil evitar el trabajo de analizar el trasfondo de las cosas o, quizás, por conceder una explicación fácil a las frustraciones propias y de las mayorías. Esto sucede cada vez que se menciona al Procurador de los Derechos Humanos. Con total falta de sensibilidad y empatía, en estos días es posible observar cómo la mayoría repite: “quizás ahora que atacaron a su esposa se deje de defender a mareros y criminales”. La creación de esta figura tan controversial surgió después del conflicto armado y Guatemala fue el primer país en el cual se estableció como orden constitucional, junto con el Tribunal Supremo Electoral y la Corte de Constitucionalidad. Su función primordial es defender la construcción y la vigencia de un auténtico estado de derecho, así como vigilar que en Guatemala, uno de los países emblemáticos por su historia de violación de los derechos humanos, éstos se respeten. Las obligaciones del ombudsman guatemalteco no se limitan a velar por el respeto a los derechos humanos de las personas correctas y decentes que viven dentro del marco de la ley. También incluyen vigilar que no se repitan los abusos que llevaron a Guatemala a convertirse en uno de los países más violentos del mundo, con más de 200 mil víctimas inocentes en un conflicto más estratégico que político, en el cual no sólo ciettas instituciones del Estado se dedicaron a eliminar selectivamente a los líderes populares, sino también abrieron las puertas a la intervención de gobiernos extranjeros. Los mareros, aunque usted no lo crea, no merecen el exterminio sin oportunidad de un juicio justo. Ellos han encontrado la única vía para sobrevivir e integrarse a algo en un país que les ha vedado todas las oportunidades de desarrollo, cuyos índices de corrupción son vergonzosos y su nivel de oferta educativa para las mayorías es uno de los más bajos del continente. La población tolera que la representen en el Congreso individuos como Chinchilla o Manolito Castillo, pero rechaza enfáticamente el trabajo del Procurador para evitar la proliferación de escuadrones de la muerte. Ve con impasible conformidad cómo los diputados –entre los cuales los hay corruptos, abusivos, violentos y adictos al poder- se recetan una exención de la licencia para portar armas, pasando descaradamente por encima del artículo de la Constitución que establece la igualdad ante la ley para todos los guatemaltecos, sin excepciones. Y permite que los fondos estatales –destinados a salud, seguridad, educación, alimentación y vivienda- sean saqueados por vividores En contraste con el discurso tibio y ambiguo de estos funcionarios, el informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Guatemala señala claramente la participación directa o indirecta de agentes estatales en ejecuciones extrajudiciales, asesinatos de reclusos en las cárceles y operativos de limpieza social, y señala que los índices de violencia para un país oficialmente sin guerra, están entre los más altos del mundo.

Perplejos y estupefactos

(Publicado el 28/03/2009) Las declaraciones oficiales sobre la violencia han dejado a la población con una abrumadora sensación de incredulidad. La rotunda afirmación de que “el Smiley”, un jovencito de 18 años, ha sido el único responsable de la jornada de violencia del martes pasado, parece una broma siniestra del ministro de Gobernación. Sin embargo, no lo es. De hecho, la actitud y las palabras del Presidente y de su ministro han dado la impresión de una absoluta falta de información y no responden a las exigencias de la población, cuya demanda de tomar medidas inmediatas está subiendo de tono. En contraste con el discurso tibio y ambiguo de estos funcionarios, el informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Guatemala señala claramente la participación directa o indirecta de agentes estatales en ejecuciones extrajudiciales, asesinatos de reclusos en las cárceles y operativos de limpieza social, y señala que los índices de violencia para un país oficialmente sin guerra, están entre los más altos del mundo. En este escenario, con un aparato de justicia incapaz de contribuir de manera expedita a la resolución de casos y totalmente permeable a la corrupción, resulta incongruente pedir la prolongación del mandato de la CICIG, dado que las investigaciones de este ente continuarán estrellándose contra un muro de impunidad infranqueable. La realidad es difícil de creer y aún más difícil de aceptar. La cifra de muertos aumenta, el temor de la población crece por extorsiones, asaltos, violaciones, secuestros y asesinatos con muestras de extrema crueldad, mientras políticos y autoridades aún discuten sobre la necesidad de un plan de seguridad que debería existir desde hace ya muchos años y el cual debió implementarse en los inicios de la actual administración, ya que fue su tema de campaña. Después de transferir casi 300 millones de su presupuesto a otras dependencias con el argumento de que no los necesita, y luego de sus inaceptables declaraciones sobre el origen de los sucesos de violencia del martes pasado –el Smiley-, es incomprensible que el titular de Gobernación siga en el cargo. Incapaz de establecer el orden en las prisiones, desde donde se gestan los peores actos delictivos, y sin la capacidad de gestión para invertir los fondos de ese ministerio en la adquisición de equipo y la contratación y capacitación de personal, recursos indispensables para hacer frente a la criminalidad, nada tiene que hacer allí. Echar la culpa a gobiernos pasados ya no es excusa. Tanto el Presidente como sus allegados han tenido incidencia durante años en la política local y suficiente tiempo para preparar un plan efectivo.

La nueva era

(Publicado el 23/03/2009) No existe una cifra exacta para determinar cuántas niñas, niños y adolescentes participan en asesinatos y otros delitos. La niñez es la etapa más peligrosa del desarrollo. Aún cuando la mayoría de niñas y niños nunca han sido seres privilegiados, en la actualidad parecen haber descendido a lo más bajo de la escala de prioridades. Su estado de dependencia los convierte en víctimas ideales de pandilleros y criminales sofisticados, en esclavos de madres y padres violentos o explotadores, en instrumento de manipulación para políticos venales, en argumento dilatorio para gobernantes y en un jugoso bien de intercambio para traficantes. En estos días se debate un tema trascendental que podría representar un cambio de estatus jurídico para este sector de la población. Están por un lado quienes pretenden tratar como adultos a los menores de edad cuando estén involucrados en delitos graves, y por otro se encuentran quienes propugnan por mantener el sistema actual, el cual los deja al margen de la responsabilidad penal. El problema no es menor. Muchos niños y adolescentes participan ya activamente en actos de fuerte impacto como asesinatos, extorsiones y trasiego de drogas, lo cual responde a una estrategia muy astuta de las mafias para detener la acción de la justicia, amparándose justamente en la inimputabilidad de niños y adolescentes. Sin embargo, esta maniobra no sólo impacta en las estadísticas del crimen, sino también y muy fuertemente en las perspectivas de desarrollo de estas nuevas generaciones y, por lógica, en las del país entero. Ya es grotesca la manera como la niñez convive con la violencia y pierde la sensibilidad ante la muerte. En cada suceso de sangre es normal ver a niñas y niños observando el levantamiento de cadáveres, enterándose de primera mano de los detalles más escabrosos y escuchando a sus padres comentar esta realidad como algo normal. Pero no sólo participan como espectadores, también como víctimas. Las cifras de niñas, niños y adolescentes asesinados a sangre fría empiezan a competir ya con las del femicidio. ¿Qué va a suceder con esta sociedad en las próximas décadas? Una generación familiarizada a tal punto con el crimen y la sangre pierde de manera irreversible la sensibilidad ante el dolor, cualidad que conforma la esencia de lo humano. Esto no está reservado sólo a la niñez pobre. Quienes pertenecen a las clases más acomodadas lo viven también -aunque de manera diferente- rodeados de armas, guardaespaldas, sistemas de seguridad, videojuegos hiperrealistas, violencia en el hogar y experiencias traumáticas. Estos escenarios definen de manera irreversible un cambio en las reglas del juego social, porque lo que para las generaciones de antes estaba reservado al ámbito de la guerra y las películas de acción, es ahora el ambiente cotidiano de sus descendientes.

sábado, 21 de marzo de 2009

La vida breve

Salir de casa ya no es parte de una rutina normal, hoy se ha convertido en un acto de supervivencia, como saltar de un avión en picada. Es de suponer que la mayoría de los mensajes de advertencia circulando por internet tienen algo de cierto, porque cada vez se escuchan más historias reales coincidentes con relatos espeluznantes de los internautas anónimos. Y no deja de ser fascinante cuán creativos se han vuelto los criminales para sacar cada semana una técnica nueva capaz de generar más pánico en la población. El objetivo primario de tan sofisticada manera de torturar psicológica y físicamente a los guatemaltecos, parece coincidir con la falta de decisión del gobierno para detener esta ola de violencia. Es decir, unos profundizan el caos y la anarquía a su favor mientras los otros esperan, indecisos, a que las cosas cambien por sí solas. A la gente común ya no le convencen las buenas intenciones, si en cada semáforo los automovilistas se detienen mirando obsesivamente por el retrovisor por si se le acerca una moto con dos individuos armados, y los peatones deben cruzar la calle cada vez que se les aproxima alguien con aspecto sospechoso. Lo difícil de vivir así es que ahora cualquiera podría ser un asesino en potencia, desde un marero tatuado, un niño de uniforme o un hombre con aspecto de alto ejecutivo. Esto, porque las fronteras se han desdibujado hasta convertir a esta sociedad en rehén de pandillas, carteles de la droga y criminales de altos vuelos, muchos de los cuales incluso han llegado a las posiciones más elevadas en la burocracia estatal. Por un mensaje de internet me enteré también de que unos maestros estuvieron a punto de ser linchados en una aldea de San Ildefonso Ixtahuacán, Huehuetenango. Los pobladores, azuzados por el alcalde auxiliar, los rodearon y los hubieran quemado vivos de no ser por el maestro de la escuela de la localidad, quien convenció a la turba de su inocencia. No intervino la Policía, porque en ese lugar ya no hay delegación. Esto sucede con demasiada frecuencia como para ignorar el peligro implícito en la crisis de institucionalidad en la cual ha caído la Nación. Así como esos maestros se salvaron por un pelo de ser linchados, otras personas inocentes pueden fácilmente caer en manos de pobladores hartos de la amenaza criminal, y dispuestos a imponer su ley a diestra y siniestra sin pensar en las consecuencias de sus acciones. Mientras la escalada continúa cobrando vidas, el sistema penitenciario se confiesa incapaz de detener las comunicaciones celulares desde las cárceles, el ministro de Gobernación declara que hay suficientes policías y el organismo judicial continúa en un vergonzoso impasse. Los responsables de la seguridad, comenzando por el propio Presidente de la República, tienen la obligación absoluta de tomar cartas en este asunto y atacar el inconcebible estado de anarquía en que se encuentra sumida Guatemala.

La fuente de la vida

Guatemala es un país rico en recursos hídricos, pero sólo los más afortunados tienen derecho a un servicio regular de agua. Uno de los mayores problemas para la distribución de agua potable es, obviamente, la falta de redes de aprovisionamiento, lo cual a su vez es producto de las deficiencias en la realización de los planes de desarrollo nacional planteados una otra vez por los partidos políticos. De acuerdo con la entrevista publicada por el vespertino La Hora con el presidente del Infom, también estarían por colapsar las plantas de tratamiento de agua de los cascos urbanos en la mayoría de los 333 municipios del país, lo cual define un escenario catastrófico si se toma en cuenta que sin agua, la vida se extingue. Siete millones y medio de guatemaltecos carecen del servicio de distribución del líquido a través de una red de tuberías, fue la denuncia más grave del funcionario. A ello se podría añadir que quienes sí lo reciben, están expuestos a problemas de salud por la contaminación de las fuentes originales, por la rotura de cañerías obsoletas y por la falta de control del vertido de químicos industriales y desechos residenciales en lagos, ríos y manantiales. El tema del agua está en la agenda internacional desde hace ya muchos años. Sin embargo, han sido muy pocas las iniciativas tendentes a establecer parámetros de uso racional, limitación del desperdicio y distribución equitativa de este recurso indispensable para la supervivencia. La cifra de 7.5 millones de guatemaltecos privados de este elemento vital para su subsistencia, no debería sorprender en un país ubicado a la zaga del desarrollo humano en la región, pero cuyas cifras macroeconómicas no están nada mal en comparación con las de otras naciones de América Latina. Es preciso poner también estos números en perspectiva de género, porque a simple vista se puede observar cómo afecta la falta de agua tratada y entubada a las mujeres y a la niñez de los sectores pobres, cuyos indicadores de mortalidad causada por diarrea muestran con claridad meridiana su impacto en la salud del segmento de la población tradicionalmente rezagado y marginado de los planes de desarrollo. Es imperativo que el gobierno comience a poner atención a esta situación dramática que vive la mitad de los habitantes de Guatemala. Que aproveche la experiencia y las investigaciones de organismos internacionales y universidades, demostrando voluntad política y conciencia social al dar prioridad al tema del agua desde todas sus perspectivas. De este modo no sólo se beneficia de manera directa la salud de millones de habitantes, sino también se recupera la visión de Nación necesaria para hacer política desde una plataforma incluyente y esencialmente democrática.