domingo, 14 de julio de 2013

La brújula rota

La vida política y social del país parece haber perdido la ruta. 

Entre los mayores problemas provocados por la anarquía y el desorden desde los ámbitos institucionales están la pérdida de confianza y de oportunidades de crecimiento. Guatemala sufre ese síndrome. Parece haber perdido la brújula con la cual definió, en algún momento, la ruta hacia la reconciliación entre sus diferentes sectores y la búsqueda de desarrollo sostenible en un marco de respeto por los derechos humanos.
Las instituciones fundamentales de una nación, aquellas cuyo papel se centra en la defensa de las normas constitucionales y la imposición de un marco valórico común a toda la sociedad, han colapsado de manera pública y notoria.
El Congreso de la República se ha transformado en un mercado en el cual se transa la riqueza y el futuro del país con total descaro e impunidad y el organismo encargado de administrar justicia, cuyas funciones están claramente definidas por ley, parece un conjunto de compartimientos estancos en donde cada quien maneja sus asuntos a su manera.
Mientras eso sucede en dos de los pilares de la democracia, otras instancias acusan una absoluta falta de control por parte de la ciudadanía. El ejemplo perfecto es la comuna capitalina, cuya máxima autoridad ignora por completo que existe un mecanismo llamado rendición de cuentas. Y ese cuadro se repite una y otra vez en ministerios y municipalidades, gobernaciones y secretarías. Algo así como una red de influencias orientadas de manera exclusiva a satisfacer intereses particulares con total desprecio por la gran masa poblacional de la cual obtienen su riqueza.
Pero no solo en los grandes despachos se produce esta pérdida de visión y dirección. También en las pequeñas organizaciones dirigidas por personas ineptas y carentes de ese concepto de bien común indispensable para tomar las decisiones correctas. Uno de los casos ejemplificadores es la administración del Parque Zoológico La Aurora, recinto destinado a conservar, proteger y exhibir a la fauna en condiciones adecuadas, con el propósito de brindar a la población un medio de educación y entretenimiento saludable y constructivo, con un fuerte concepto de respeto por la naturaleza.
Sin embargo, el Parque Zoológico se está transformando en una nueva Plaza Obelisco o, peor aun, algo así como el salón popular La Flor de Chinique, en donde la música estridente y la parranda desenfrenada marcan la pauta. La salud de los valiosos ejemplares de fauna refugiados en el parque no es un tema de interés para los genios del mercadeo cuyas pésimas decisiones y su evidente ignorancia violan todos los preceptos conservacionistas.
Así se podría enumerar a muchas dependencias del Estado cuyo desempeño presenta gravísimas deficiencias. Para no ir tan lejos en el tiempo, dar una mirada a la desorganización y falta de estructura en la celebración del B’aqtun, oportunidad de oro desperdiciada por las autoridades de turismo y de cultura, quienes no tuvieron los alcances para realizar un evento de transcendencia mundial, el cual hubiera significado un importante logro para la imagen del país en el exterior. La pregunta es ¿quién tiene el timón de esta nave?
(Publicado el 07/01/2013)

El nuevo orden

Un golpe artero de quienes desean borrar las huellas del pasado.

El gobierno, con la publicación del Acuerdo Gubernativo 370-2012, parece tener la intención de elevar un muro de protección para quienes cometieron violaciones de los derechos humanos en los años 80 y épocas anteriores. Sin embargo, comete un error político y estratégico al provocar una ola de protestas y un renovado impulso de exigir justicia para las víctimas de esos crímenes.
Error de cálculo, quizás, o probablemente se contaba con el adormecimiento general que provocan las fiestas de fin de año en la población. Sin embargo, a pesar de que uno de los argumentos esgrimidos para marginar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos de los casos ocurridos antes del 9 de marzo de 1987 -fecha en la cual el Estado de Guatemala aceptó las funciones de esa Corte- es la no retroactividad, expertos aseguran que esa disposición es inconstitucional y viola acuerdos internacionales.
Esto viene a reforzar la imagen dura de un gobierno que poco a poco se aleja del concepto democrático de participación ciudadana. Estos golpes de efecto del partido en el poder anuncian un nuevo estilo de gobierno muy a tono con el autoritarismo de décadas pasadas, aunque con un ligero toque demagógico, el cual sin duda le es útil para ganar adeptos entre los sectores más conservadores de la sociedad guatemalteca.
El hecho de que al Estado de Guatemala le salga económica y moralmente caro pagar las indemnizaciones dictadas por la CIDH en casos de graves violaciones y crímenes de lesa humanidad, debería servirle a los grupos de poder como lección aprendida para no volver a cometer esa clase de abusos y readecuar sus recursos para consolidar la democracia y el estado de Derecho, en lugar de permitir a sus funcionarios y aliados políticos un enriquecimiento ilícito que solo socava esos pilares institucionales.
Aunque ha sido estimulante la reacción inmediata de la sociedad civil organizada ante la publicación del Acuerdo 370-2012, aun falta un mayor involucramiento del resto de la ciudadanía en un asunto que al final de cuentas le compete, porque se trata de una decisión de Estado la cual incide no solo en la imagen de país en los ámbitos internacionales. También afecta la reparación del tejido social, gravemente dañado durante un conflicto que diezmó a un sector importante de la población y dejó secuelas en las actuales generaciones.
La derogación del Acuerdo de marras podría suavizar el ambiente político, pero no bastará para despejar las dudas ya existentes sobre las intenciones políticas de este gobierno. Una vez más, se observa que las promesas de mano dura incluían acciones de corte dictatorial las cuales, en lugar de reducir las tensiones, marcan una ruta divergente con las aspiraciones ciudadanas de construir bases más sólidas para asentar los valores democráticos.
Es evidente que instaurar una democracia participativa y conservar el equilibrio político es extremadamente difícil en un país tan convulsionado. Así como conciliar los intereses de todos los sectores involucrados. Pero, señor Presidente, nadie le dijo que sería fácil.
(Publicado el 05/01/2013)

lunes, 19 de noviembre de 2012

La escuela del miedo


Existe en la sociedad un estado de represión aprendido a la fuerza.

La historia de este país parece haber cuajado el miedo en el imaginario colectivo impidiendo la acción y limitando la libertad. La experiencia transmitida de padres a hijos apuesta por la no participación, calificando cualquier involucramiento en temas ajenos al ámbito estrictamente privado como una invitación al conflicto y a la amenaza.

Por ello no debería sorprender la pasividad de una sociedad acostumbrada a “no meterse en problemas”. Esta actitud resulta evidente incluso cuando las personas presencian un acto delictivo o un crimen de mayor impacto. El silencio parece ser la consigna y entonces, cuando se produce un brote de protesta popular, éste se convierte en un acto violatorio de un protocolo tácitamente establecido.

Es así como los actos de intimidación resultan tan efectivos, porque empoderan todavía más a quienes los ejecutan. Y resulta paradójico que el amor por la propia vida constituya al mismo tiempo el más peligroso mecanismo de amenaza. Callar ante la violencia y el abuso representa un retroceso, una cesión de territorio y la entrega forzosa de la libertad. El silencio oprime a las víctimas hasta el extremo de afectar su equilibrio emocional y, por ende, todo su entorno.

El hecho de que las denuncias por violencia intrafamiliar, violación y otros abusos sexuales hayan aumentado de manera radical en los últimos meses, es un fenómeno inusual en una sociedad callada ante la agresión y acostumbrada a temer a las represalias. Eso puede significar tres cosas: 1. El temor ha disminuido por la gran cobertura mediática que han recibido esos hechos; 2. Esos crímenes son cada vez más frecuentes y por tanto más visibles, o 3. Existe mayor confianza en el sistema de justicia.

Pero otros delitos tales como el tráfico de influencias, la corrupción y el abuso de poder se repiten a diario y al no atentar contra un individuo específico sino contra toda la ciudadanía en su conjunto, no parecen ser objeto de protesta pública ni persecución efectiva de ningún sector de la población que se considere afectado por ellos. Estos casos pasan por los titulares de prensa, son objeto de investigación y denuncia mediática para terminar en páginas interiores sin haber levantado movilización ciudadana de ninguna especie, más que comentarios más o menos airados a través de las redes sociales.

La capacidad de indignación, como bien mencionaba Mariela Castañón en su reportaje publicado hace unos días en La Hora, parece responder a un acelerado proceso de deshumanización derivado de la violencia y la frustración. Eso puede ser normal en un país institucionalmente débil como Guatemala, pero es precisamente ahí en donde reside la peor de las amenazas para su estado de Derecho y para la salud psicológica de la población. La paranoia y el delirio de persecución son hoy conductas aprendidas a fuerza de impunidad.

Lo que se debe tener muy en cuenta es que la frustración de la ciudadanía no se evapora en el aire. Al estar reprimida y sin vías de escape, se acumula para convertirse en el germen de conflictos mucho más severos que una jornada de protesta o un bloqueo de caminos. Por eso y por la salud de la democracia, es preciso expresarla.
Publicado en Prensa Libre el 27/10/2012

domingo, 14 de octubre de 2012

Redondillas


Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?

Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
(Sor Juana Inés De la Cruz)


sábado, 13 de octubre de 2012

A la niña en su día

Ante la vulnerabilidad de la niñez, es imperativo actuar.
El Día Internacional de la Niña fue instituido a partir de una realidad concreta: la situación de vulnerabilidad e inequidad de ese enorme contingente humano cuyos derechos y oportunidades de desarrollo son sistemáticamente relegados a segundo plano por razones de género. Muchos —y también muchas— arguyen que la discriminación positiva es tan perjudicial como aquella a la cual intenta atacar. Sin embargo, en el caso de la niña resulta casi imposible hablar de discriminación pura, ya que el marco cultural en el cual se inscribe su existencia ni siquiera le da el espacio inicial para constituirse en una persona con derechos.

Esto significa que la niña viene al mundo en desventaja desde su concepción. Por lo tanto, para establecer cierto equilibrio, es preciso y urgente adoptar medidas correctivas a una cultura patriarcal cuyos patrones han sido consolidados por la costumbre en el seno de las familias, en el ámbito laboral, en la sociedad y en las instituciones cuyas normas sancionan el “deber ser” según el cual la niña debe someterse a la autoridad masculina por el resto de su vida.

La negativa a aceptar esta realidad como verdadera proviene, por lo general, de los ámbitos urbanos. Sin embargo, en Guatemala uno de los cuadros más reveladores de esta frontera impenetrable que separa a la niña del desarrollo humano se encuentra en las poblaciones campesinas e indígenas, en las áreas marginales de las ciudades e incluso en muchos de los hogares de clases socioeconómicas más elevadas, en donde aún se practica una relación de privilegios y autoridades masculinas.

Thelma Aldana, desde la presidencia de la CSJ —una de las instancias tradicionalmente representadas y administradas casi exclusivamente por hombres— luchó para desvanecer prejuicios, romper paradigmas y dejar establecido un sistema capaz de brindar apoyo a la mujer y a la niñez de Guatemala. Hizo lo que jamás antes se vio en ese organismo del Estado: dejar sentadas las bases para una justicia con visión de equidad, crear los juzgados especializados en femicidio y violencia contra la mujer y propiciar un ambiente de seguridad para los jueces que les permita actuar libres de presiones. Su énfasis en la cobertura departamental, allá en donde tanta falta hace la presencia del Estado, es una muestra de su sólida visión de futuro.

Por lo tanto, la acertada decisión del sistema de Naciones Unidas viene a entroncar con un organismo Judicial más permeable a su propia transformación, capaz de aceptar que para las niñas y las mujeres la justicia con equidad es aún una meta por alcanzar.

Esperamos que el doctor Gabriel Medrano acepte y afronte con éxito ese importantísimo reto.A la niña en su día

lunes, 8 de octubre de 2012

El castigo ancestral


Ser indígena y pobre es, para la sociedad ladina, un estigma imperdonable. 
En cada una de las manifestaciones de rechazo a las políticas de marginación impuestas por el poder político y económico contra amplios sectores de campesinos e indígenas, resurge ese racismo visceral de quienes se creen los únicos y legítimos dueños del territorio y poseedores de la verdad.

En esa visión estrecha y discriminatoria entran desde los insultos contra quienes ejercen su derecho a la protesta, como las decisiones unilaterales y absurdas de celebrar una fecha de trascendencia histórica para la cultura maya –como sucederá con el 13 Baktún- convirtiéndola en un espectáculo superficial y mundano, propio de la ignorancia de quienes tienen en sus manos el desarrollo del turismo en el país.

Los recientes acontecimientos de Totonicapán, la represión violenta en contra de campesinos indígenas con cauda de seis muertos y más de 30 heridos, seguidos por declaraciones engañosas y contradictorias de las autoridades responsables, no solo revelan la poca importancia que para la cúpula de poder tiene la vida humana, sino cuánto menosprecian a la ciudadanía si ni siquiera se cuidan de disimular sus inconsistencias y, menos aún, sus propósitos de establecer un gobierno eminentemente represivo.

Guatemala se precia de ser uno de los países con mayores avances tecnológicos en la región, algo así como la capital del desarrollo centroamericano. Pero su realidad muestra algo muy diferente. La escasa capacidad de diálogo y la nula voluntad política de construir una democracia asentada en el desarrollo humano, sumados a la resistencia a reforzar el marco jurídico para detener la corrupción y el tráfico de influencias, dejan en evidencia un proceso de involución cada vez más acelerado en el cual la vida y los derechos de la ciudadanía son relegados a un segundo plano.

No importa cuánto presuma el Estado de los esfuerzos por reducir los índices de mortalidad materna, desnutrición infantil o analfabetismo. Todas esas acciones serán cosméticas en tanto no se resuelvan los temas sustantivos como los derechos de los pueblos indígenas y su acceso a la tierra, las políticas públicas en educación, la atención prioritaria a las graves deficiencias del sector salud, la carencia de acceso a los servicios básicos y otras muchas que deterioran la calidad de vida de las grandes mayorías.

Aquí no se puede hablar de democracia si niñas de 10 años llegan a parir a los centros de salud y el sistema ni siquiera reporta estas violaciones. Y no lo hace por indiferencia, o porque así es la costumbre, o por pura desidia ya que si no se ha hecho antes, por algo será.

Entonces, si el Estado no acata los mandatos consignados en la Constitución de la República y la sociedad no tiene la palanca suficiente para exigírselo, es perfectamente lógico concluir que los sectores más rezagados en la pirámide social se encuentran totalmente desprotegidos. En ese multitudinario contingente, uno de los grupos más olvidados continuará siendo el de las mujeres y las niñas, porque el lejano círculo de los privilegiados, quienes poseen los recursos y el poder de decidir el destino de la nación, así lo ha decidido.
El castigo ancestral

domingo, 7 de octubre de 2012

Quiero decir...


Journée de l'Enfant

(Publié par El Quinto Patio le lundi 1 octobre, Prensa Libre)

La matinée de lundi s’est éveillée sous de beaux auspices. C’était la Journée de l’Enfant. Une fête destinée à rendre hommage à l’Enfant, à ce contingent de nouveaux êtres venus au monde dans des contextes différents, mais avec un imposant héritage : nos rêves, et la responsabilité de garder le cap du développement et de construire une société meilleure. Belle prose, n’est-ce pas ?

Mais hélas ce ne sont que des mots. La réalité est que les enfants guatémaltèques héritent d’injustices, d’iniquités et de violence. Ils sont tellement dépourvus de défenses que même l’appareil bureaucratique – si bien muni de moyens pour enrichir ses fonctionnaires, un gouvernement après l’autre – ne saurait tenir compte des besoins et des angoisses des enfants.

Dans le Guatemala de toujours, le viol des filles de tout âge a été une tradition renforcée par un machisme sans pitié, sous couvert de la misère de la grande majorité qui n’a pas les moyens de recourir à la justice. Un exemple : « Dans la propriété cotonnière La Pangola, l’administrateur avait l’habitude de violer les filles de ses employés. Il les voulait de sept à quatorze ans, pour les déflorer. Il les gardait dix jours dans sa cabane et puis les livrait à son chauffeur pour qu’il en use pendant quatre jours. Elles étaient ensuite renvoyées chez elles. Il en a été ainsi pendant des décennies. L’ouvrière qui accouchait savait déjà que lorsque sa fille atteindrait ses sept ans, elle serait remise au patron, un vieux vicieux qui se faisait appeler “el ladino de Zacapa” (ladino, mot qui désigne l’homme d’origine ou d’apparence européenne). Il les aimait avec des vêtements à peine cousus afin de pouvoir les leur arracher facilement et les voulait vierges car les pleurs des enfants l’excitaient. Une réalité parmi tant d’autres d’abus non commis par des militaires mais qui n’en sont pas moins eux aussi des crimes contre l’humanité.» (Commentaire de Ilka Oliva).

Il n’y a pas que dans le monde rural que de tels crimes se produisent. Les institutions de l’Etat contribuent avec leur silence complice à détruire la vie de filles et de garçons en leur refusant leur soutien et leur protection. Le fait que l’alerte Alba-Kenneth ne soit pas appliquée de manière efficace par le Procureur Général de la Nation, qui est l’entité chargée par ordonnance constitutionnel de la protection de l’enfance, est un exemple de la corruption et de l’inefficacité qui ont atteint l’appareil de l’Etat. Et la justice ne fait pas mieux : des 980 plaintes déposées pour maltraitance à l’enfant, seulement 19 ont abouti à une condamnation.  

Les coupables de ces crimes se savent protégés par la très grande probabilité de ne pas avoir à en payer le prix. Ce sont des pères et des mères dont la vie a été aussi marquée par la violence et reproduisent le même schéma contres les plus vulnérables : leurs enfants. Ils sont aussi des hommes convaincus que violer un enfant, garçon ou fille, ou à un(e) adolescent(e) est leur droit naturel et aussi un exercice de pouvoir. N’imposant ni des limites ni des punitions, la société leur reconnaît tacitement ce pouvoir comme étant légitime.

Il n’est pas possible de permettre aux autorités de justifier cette inconcevable agression à l’enfance et à l’adolescence au nom du sous-développement et de la marginalité. L’Etat a l’obligation de protéger l’enfance et la jeunesse. En leur refusant son soutien l’Etat viole des dispositions constitutionnelles et des traités internationaux, perdant ainsi toute autorité morale et juridique. Mais cela, nous le savons tous. La question qui se pose donc est : sommes nous concernés ?

La Flor Amarilla de los Sepulcros (Humberto Ak'abal)


Aúllan coyotes y rompen la noche:

pelean con el viento.

"Es mala seña..."


Antes los tecolotes

cantaban de vez en cuando,

ahora cantan a cada rato.

"Es mal agüero..."


Un viento de muerte baja de la cumbre,

helado, muerde como chucho con

rabia...

y las flores se agachan, tienen miedo

y antes del mediodía se marchitan.


Si pudiéramos regresar a aquellos

tiempos

cuando la tierra cantaba con los

hombres.


Hoy los vástagos son cortados de tajo,

los gritos de los chiquitos

a nadie conmueven, a nadie importan:

el cielo abre su boca y traga

el grito que ahoga la muerte.


¿Por qué somos perseguidos los indios?

¿Qué te hemos hecho, Guatemala?

¿Por qué ese odio, esa sed de sangre...?


Nosotros no le debemos nada a la

muerte.


¿A dónde ir, por qué huir?

Si aquí se asentaron nuestros

antepasados,

aquí nacieron nuestros abuelos,

aquí nacieron nuestros padres,

aquí nacímos y aquí nacerán nuestros

hijos;

esta tierra es nuestra.

¿Por qué buscar refugio en otra parte?

¿Por qué hemos de ser peregrinos?


Pajaritos de los barrancos:

Güis-güil, Tuc-tuc, Chaper-pantuj,

vengan a llorar conmigo,

mi tristeza es grande

y la herida duele.

Nuestro cacaxte lleno de sufrimientos,

nos escondemos para que no se burlen

de nuestro llanto,

ahogamos nuestro lloro en los ríos.


¿Acaso es delito ser indio?

Desde hace 500 años viene esta

persecución.

Matan indios bajo cualquier pretexto:

han borrado pueblos y aldeas enteras.


Señor de los cielos,

Señor de la tierra:

¿En dónde estás cuando pasan estas cosas,

por qué consentís a los asesinos...?


Somos pobres pero trabajadores,

nuestro pecado es ser honrados.


Vivimos en la miseria y en la tristeza

y aún así, resistiendo desde nuestra

cultura.


¿De dónde vino esta maldición?

¿De dónde salió este remolino

con garras de animal grande,

con ojos que parecen barrancos sin

fondo,

que apaga vidas

para mantener la oscuridad del terror...?


Los animales de los montes se pelean

pero no se matan entre sí.


¡Que estallen los volcanes!

¡Que arrojen fuego!

¡Que tiemble, que se raje la tierra

y se trague todo, todo, todo..!


Aquí nadie quiere paz,

aquí hay hambre de muerte,

los hombres están ciegos,

las leyes están sordas,

los caminos están torcidos...

La noche no da muestras de acabar,

la muerte anda borracha hartándose

de sangre,

las sombras del crimen

extienden sus alas y tapan la luz,

murciélagos danzan entre llamas de

odio:

¡fuego negro!


¿Jawchí coj be wi? chi xe coj´iwi ri q´a mam,

chi xe co´jiwí ri q´a tat,

chi xoj alaxicwí...


La justicia no habla en lengua de indios,

la justicia no desciende a los pobres,

la justicia no usa caites,

la justicia no camina descalza

por caminos de tierra...


Gritos aquí,

gritos allá,

gritos por todos lados,

la prepotencia se impone: pela los

dientes; y nosotros aldeanos y puebleros

tragándonos

la saliva amarga de nuestra impotencia,

sin poder defendernos más que

con nuestros humildes pechos

desnudos.

Caminamos por calles,

caminos y callejones, con miedo:

¿quién va adelante, quién viene atrás,

qué fue ese ruido..?

cualquier sombra provoca sobresalto,

el aleteo de un zopilote asusta, nos hace temblar el alma.


Se han abierto los portones del mal

y los mandaderos de la muerte

andan de noche y de día

haciendo matazones...


Las cumbres están llenas de Coxguaj:

"flor amarilla de los sepulcros"

y la tarde amarilla

igual que la flor de muerto

muere detrás de la loma.


¡Sol!

volvete humo, tizná el cielo,

quemá la tierra,

estamos de duelo,

mi gente,

mi sangre,

mi pueblo...


El horizonte gris es triste.

Aquí se ha perdido la vergüenza,

fuego arde en los caminos,

pobreza, hambre y soledad

se arrastran sobre el polvo.

Los patojitos mastican miserias

y tragan sustos, corren sin saber hacia

dónde:

¡qué doloroso es ser huérfano!


En este país de analfabetas

no podemos presumir de ateos:

¿pero, entonces, en qué "dios"

creen esos que no respetan la vida

humana?


Somos muchos,

nuestra presencia no se puede negar,

callados pero no mudos:

las chirimías,

los tambores,

las marimbitas rurales,

las cofradías, los bailes de

enmascarados

en las fiestas de nuestros pueblos, existencia?

¿No son la muestra de nuestro amor

por la tranquilidad y la paz..?


En este país nos ven

sólo para fines egoístas:

los políticos se paran sobre nosotros,

los terratenientes nos explotan,

las religiones nos confunden,

y las oficinas de turismo nos exhiben...


Todo esto me desgarra el corazón.

Hermano,

tomémonos este vaso de agua clara,

cantemos aquel cantito del sanate,

démonos un abrazo, olvidá tu tristeza

apenas te puedo mirar entre mis

lágrimas

buscá hoy tu contento

porque mañana...

¡quién sabe..!




*Humberto Ak´abal, poeta guatemalteco