viernes, 23 de enero de 2009

Mujeres en la agenda

Los partidos políticos guatemaltecos aún no comprenden -ni aceptan- que no puede haber democracia sin equidad de género. Para analizar la actitud de los dirigentes políticos es imprescindible mencionar que, para la mayoría de quienes ejercen esa actividad en Guatemala, el término democracia es un concepto abstracto sin aplicación práctica. Por lo tanto, exigirles cambios en las estructuras y en los estatutos de sus partidos para dar cabida a un sistema de cuotas, jamás encontrará una respuesta positiva a menos que se apruebe una reforma en las leyes para hacerlo obligatorio. El sistema de cuotas de participación por género en los partidos políticos, y también en los cargos públicos, ha sido la herramienta fundamental en muchos países del mundo para romper paradigmas arcaicos que aún hoy, en pleno siglo veintiuno, constituyen una barrera para el desarrollo pleno de los pueblos. Este ha sido uno de los temas a debatir en el marco de la II Conferencia del Movimiento de los Países No Alineados que se desarrolla en Guatemala con la participación de representantes de 81 países, discusión principalmente centrada en los avances del cumplimiento de las Metas del Milenio en aquellos temas relacionados con las oportunidades de desarrollo de las mujeres. El tema de las cuotas duele. Y esto es porque rompe una tradición patriarcal sólidamente enraizada en el país, culturalmente reforzada a través de la educación de niñas y niños, socialmente aceptada como un hecho irremediable y contra el cual se han estrellado muchas iniciativas de ley tendentes a transformarla. Sin embargo, la mayor resistencia proviene de quienes lo perciben como una peligrosa amenaza a sus cuotas de poder y sus mecanismos de corrupción, cuidadosamente estructurados y protegidos. Es por ello fundamental la preparación política y técnica de las mujeres diputadas. El papel que representan, aún con la mísera cuota de 19 escaños en un congreso con 158, constituye una punta de lanza para iniciar una escalada numérica que ponga en la agenda no sólo los temas atingentes a su género, sino también los temas marginados de enorme impacto social, como los relativos a salud y educación, seguridad y acceso a servicios básicos. Las mujeres diputadas no sólo tienen la obligación de despojarse de sectarismos y complejos que en nada contribuyen al desarrollo de sus funciones, sino también la responsabilidad de construir unidas una plataforma para romper barreras históricas, luchar contra la discriminación de género y contra el racismo. La sociedad espera de ellas que sepan aprovechar la oportunidad de voz que les ha sido prestada, con una actitud incluyente y un esfuerzo sostenido por convertirse en representantes auténticas del sector al cual pertenecen.

sábado, 17 de enero de 2009

Una ciudad hostil

Es una lástima que Guatemala no haya tenido a su Haussmann. Sus principales avenidas ya no resisten la presión del tránsito. El Barón Georges-Eugène Haussmann fue el artífice de la remodelación de Paris en pleno siglo diecinueve, uno de los proyectos urbanísticos más ambiciosos y futuristas de la historia. El trazo de sus grandes avenidas y los sistema de iluminación –en aquellos tiempos un avance costoso y revolucionario- acabaron con el París oscuro, sucio y medieval para convertir a la ciudad luz en la urbe más moderna del mundo. Pero no es de Haussmann de quien se trata esto, sino de la otrora hermosa y pulcra ciudad de Guatemala, convertida hoy en un enredo caótico de calles y avenidas saturadas al extremo por la circulación a toda hora de una excesiva cantidad de vehículos. Además del problema ya crítico del tráfico, este centro urbano muestra elevados niveles de contaminación de toda clase: del agua, del aire, por ruido y por desechos que se acumulan en una progresión imparable. Sus sistemas de drenajes ya resultan insuficientes para servir a la cantidad de habitantes que soporta, y las calles presentan un aspecto desordenado y sucio. ¿Cuál es la solución para el ordenamiento de una ciudad que crece sin un plan capaz de regir su expansión de manera organizada? Este es un enigma que parece no tener respuesta y, mientras los vecinos se quejan de los atascos cada vez más frecuentes del tráfico, el parque vehicular aumenta y no se ve una solución para el transporte colectivo, quizás la única salida al atolladero. Hace ya tanto tiempo que el sistema de buses funciona de forma deficiente, que a aquellos ciudadanos con medios suficientes para proveerse su propio transporte ni siquiera se les cruza por la mente la posibilidad de usarlo. Contrario a lo que sucede en otras ciudades un poco más desarrolladas, en las cuales los vecinos aprovechan las ventajas de las redes de transporte colectivo, aquí subirse a un bus parece ser la última de las opciones y algo así como una maldición del destino. Quienes tuvieron la desagradable experiencia de tener que trasladarse desde las zonas céntricas hacia el sur de la ciudad durante la semana pasada, saben a qué me refiero. Largas filas de automóviles, buses y motos que hicieron casi imposible el avance, semáforos que no servían para nada porque los cruces estaban bloqueados por vehículos detenidos a la mitad, conductores cansados, enojados, agresivos, que a esas alturas no medían las consecuencias de echarle encima el auto a cualquiera que se les cruzara, volvieron esta ciudad un verdadero infierno. Pero esto no es circunstancial, es crónico y no se atisba la posibilidad de que la situación se revierta. La única opción, entonces, es que el alcalde ponga fin al problema del transporte público de una buena vez.

Entre clavos y reproches

La crisis de institucionalidad quedó una vez más en evidencia durante la sesión solemne del Congreso de la República. El tono del discurso oficial no dejó lugar a dudas: el Presidente se declaró insatisfecho por las críticas de la prensa, se sintió agredido por sus opositores y denunció intentos de desestabilización promovidos por sus enemigos políticos. Además, reclamó un trato respetuoso hacia su esposa y mejor comprensión de los proyectos que están en sus manos. El informe de su primer año de gobierno ante el pleno del Congreso en presencia de ministros y secretarios de Estado, cuerpo diplomático e invitados especiales, estuvo saturado de reproches, a veces en un tono coloquial poco adecuado a un acto solemne de carácter eminentemente protocolario. La alusión personal a Nineth Montenegro, además, constituyó un desliz imperdonable en un funcionario de tan alta investidura, cuya representatividad debe trascender lo anecdótico y remitirse a los puntos esenciales de su gestión. Pero así como el mandatario rebasó los límites del estricto protocolo que enmarca esta clase de actos, también lo hicieron los 36 diputados que abandonaron el hemiciclo antes de su discurso. El desaire planificado por los representantes del Partido Patriota y la bancada de Libertad Democrática constituyó un acto más degradante para la institucionalidad que para el propio Presidente. Es posible que no hayan medido la dimensión de su conducta en función de la trascendencia de la sesión solemne –durante la cual se realizaba una ceremonia de juramentación de la nueva Junta Directiva del organismo al cual pertenecen- y actuaron como lo harían en un evento político partidista. Para quienes observaron el desarrollo del evento, éste careció de solemnidad. Ni el discurso presidencial ni los aplausos estrictamente protocolarios ni la actitud de las bancadas de oposición estuvieron a la altura, como tampoco lo estuvo la organización de la ceremonia. En las afueras del palacio legislativo, las nutridas manifestaciones populares quisieron dar un mentís a los grandes avances en materia social enumerados por el mandatario y a los invitados no les quedó más que sortear los obstáculos y sacar sus pañuelos inmaculados para no sufrir los efectos de los gases lacrimógenos usados para disolver las manifestaciones. En suma, esta ocasión reflejó una vez más la peligrosa debilidad de las instituciones, punto vulnerable de la democracia, y aún cuando algunos de los presentes alabaron el discurso presidencial, éste no contribuyó en nada a reducir las fuertes divisiones y carencias características de la política local.

domingo, 11 de enero de 2009

Requisitos mínimos

No importando quién llegue a los puestos públicos, será imposible lograr avances mientras no exista un sistema administrativo coherente. Una de las características de los burócratas del Estado es creer que al ser nombrados para un puesto, éste ya les pertenece. Es decir, los posee desde el principio una especie de delirio de grandeza que les provoca fiebres, alucinaciones y pérdida del sentido de la realidad, no importa si el puesto es de ministro o de oficial cuarto de alguna dependencia de tercer orden. La carrera administrativa no existe en Guatemala, por lo tanto tampoco existe historia. Los archivos pueden destruirse o abandonarse a criterio del jefe de turno, y todos saben que cada cuatro años habrá despidos y contratación de empleados nuevos, más o menos entrenados, más o menos agradecidos de estar allí por pertenecer al partido oficial, pero muy conscientes de que el privilegio durará lo que dure el presidente en el cargo. Una dependencia oficial sin carrera administrativa es una especie de barco al garete en un mar embravecido y en medio de los arrecifes. Es decir, va directo al desastre. Por eso resulta un poco excesivo señalar las fallas de ciertos funcionarios al mando de una de estas máquinas infernales llamadas ministerios. En cierto modo, la responsabilidad de la ineficiencia del aparato estatal viene desde hace mucho, fincada en el concepto erróneo de que el Estado pertenece al partido político que ganó las elecciones, para que haga con él lo que le venga en gana y decida quién se queda y quién se va. El país necesita con urgencia una operación de reingeniería capaz de construir un sistema de estructuras funcionales y de largo alcance. No es posible alimentar esperanzas de desarrollo en un contexto de improvisación constante, pero sobre todo donde la posibilidad de hacer carrera esté condenada desde el principio y lo único que prevalezca sea el impulso de aprovechar al máximo el momento para hacerse de bienes y privilegios. Contrario a lo que proponen algunos extremistas del libre mercado, el Estado es fundamental y debe ser fortalecido. No existe un solo país desarrollado que no posea un aparato estatal sólidamente estructurado, fuerte, capaz de atraer a los mejores especialistas en cada área del conocimiento, altamente tecnificado y en control de todos los procesos concernientes a sus funciones. La mala reputación de los cargos públicos es, por lo tanto, una consecuencia más de la degradación de los sistemas político y administrativo locales, cuyos vacíos y deficiencias propician el compadrazgo, el nepotismo, el clientelismo, la corrupción y la mediocridad. Los funcionarios, ya sean o no de rango ministerial, deberían llenar requisitos mínimos para tener el privilegio de servir a su pueblo. Porque, por si no se han enterado, para eso están donde están.

La mirada ajena

Tragedias como los ataques de Israel en la franja de Gaza toman un lugar pioritario en la atención pública, desplazando lo que nos toca de cerca. La indignación por la agresión que sufre el pueblo palestino es una reacción legítima que sacude a millones de ciudadanos en el mundo entero. Marchas de protesta se multiplican y marcan una actitud cívica en contra de las muertes de civiles provocadas por uno de los ejércitos más poderosos del planeta, cuyas acciones tienen el respaldo implícito de casi todos los Estados que conforman el primer mundo. El protocolo de la guerra –si es que existe tal monstruosidad jurídica- ha sido violado consistentemente por las naciones poderosas. Los tratados internacionales referentes a la protección de la población civil, el respeto a instituciones como la Cruz Roja o las brigadas de la ONU, así como el trato a los prisioneros de guerra, ya nada significan a la hora de atacar un objetivo o borrar del mapa a un adversario, al cual previamente se ha calificado de terrorista. Además, el poder se manifiesta en el control de la comunicación en todos los niveles, desde la propiedad de algunas importantes cadenas de noticias hasta la influencia económica en los consorcios mediáticos y, por supuesto, las campañas a través de la red diplomática. Razones para una guerra siempre abundan, sobre todo cuando están en juego la integridad territorial, el control de los recursos naturales y las supremacías militar, política y religiosa. El problema es que se utiliza como instrumento de presión el ataque indiscriminado contra civiles atrapados en medio del fuego y la destrucción de la infraestructura sin discriminación: el fuego cae certeramente sobre convoyes de ayuda humanitaria, escuelas, hospitales y áreas residenciales. Los argumentos que esgrimen los agresores, en este caso Israel, se basan fundamentalmente en la necesidad de detener los ataques del grupo Hamas, al cual se atribuyen la mayoría de los actos de terrorismo más sangrientos que ha sufrido el pueblo israelí. Sin embargo, se borra la sutil frontera entre lo que se podría calificar como acciones preventivas o de defensa y puro terrorismo de Estado, cuando la mayoría de las víctimas son niños, mujeres y otros civiles indefensos sobre cuyos refugios y hogares cae todo el poder bélico de sus poderosos vecinos. No hay, entonces, argumento válido capaz de justificar semejante carnicería. Tampoco lo hay para arrogarse el derecho de impedir el acceso a instituciones de ayuda y a la prensa internacional, a un territorio que ni siquiera les pertenece. Todo eso lleva a especulaciones y conjeturas que en nada favorecen sus esfuerzos por legitimar esta guerra y respaldar las afirmaciones de su gobierno en su campaña mediática.

domingo, 4 de enero de 2009

Nuevas aventuras en la red

Accedí a abrir una página en Facebook a instancias de Tania. No me imaginé el universo que se encuentra en esos ámbitos. Gente de todas las generaciones a pesar de que la mayoría pertenecen a la nueva y los de antes nos sentimos un poco ajenos, como si estuviéramos invadiendo un territorio extranjero. Pero entre una cosa y otra, es divertido hacer álbumes de fotos y aprovechar la ocasión para sumergirse en una búsqueda de imágenes olvidadas en el disco duro y en los álbumes guardados en un closet. Allí rescaté a mis viejas tías, a mis parentes más cercanos y también aquellos de quienes ni siquiera recuerdo los nombres. Además están los viajes, las fotos de compañeros de ruta cuya existencia no ha dejado una huella muy profunda, y esas caras que jamás dejan de traernos buenos recuerdos. La foto fue tomada durante una cena en el Cap Ducal, uno de los restaurantes más famosos, más antiguos, pero sobre todo uno de los mejores de Viña del Mar

Territorio narco

La invasión territorial de los grupos de la droga influye y afecta en las decisiones de los Estados. Nunca se había visto con tanta evidencia el efecto de la expansión territorial de los carteles de la droga como el año que recién terminó. Se sucedieron las matanzas entre grupos rivales con todas las características de la violencia extrema que caracteriza a estas pandillas: cadáveres decapitados, quemados y con señales de tortura; policías involucrados en el encubrimiento de las huellas y dinero a montones circulando en todos los estratos del sistema judicial. Lo que se avecina no es para nada esperanzador, los carteles de la droga han alcanzado –en México, Guatemala y otros países del continente- un poder de dimensiones épicas gracias a su ilimitada capacidad económica para comprar toda clase de voluntades y pases de salida en las cárceles a las cuales rara vez van a dar. El problema, entonces, es ver el cuadro completo y vislumbrar alguna salida. Desde hace muchos años, se discute sobre la posibilidad de que la legalización de la droga permita reducir los efectos del tráfico. Muchos se oponen; unos por razones morales, otros por razones políticas, pero también lo hacen quienes obtienen provecho de esta actividad, ya sea por estar involucrados en ella o por recibir jugosos sobornos. Sin embargo, cualquier inciativa tendente a eliminar esta fuente de violencia está condenada al fracaso en tanto no se ataque de manera frontal el problema del consumo. Y Estados Unidos, junto con Europa y los países orientales, son los grandes consumidores de todas las variedades posibles de droga. Esto hace que ante una demanda tan intensa, los productores expandan su negocio en todas sus fases, desde la producción hasta la venta al detalle, aceitando los procesos con millones de dólares que impactan pero no se registran en los indicadores económicos de los países. Legalizar la droga implicaría cambiar por completo el escenario de toda esta cadena. Al mismo tiempo, revelaría la dimensión de sus redes de distribución y haría más accesible la información sobre los procesos de producción. Pero no existe estrategia posible ni política, ni económica, ni policial contra el poder de los carteles mientras no se realice un operativo multinacional efectivo, blindado contra sus sobornos, entrenado al nivel de sofisticación del cual hacen gala las redes del narcotráfico. Todo el mundo está en riesgo, pero de manera puntual América Latina, cuyas instituciones son vulnerables a la corrupción en sus más elevados estratos y muy especialmente en sus ejércitos regulares y cuerpos de policía. La amenaza no está latente. Ya está presente y ha tomado posesión de los territorios con una celeridad y eficacia que ya se quisiera observar en los mandos estatales.

Pesimismo positivo

Empezamos enero esperando algo mejor, motivados por el estereotipado espíritu del cambio de año. Tengo una hermana escéptica por naturaleza. Su saludo de fin de año desde la helada Europa, fue algo así como buena salud, buen humor y pocas penas, lo cual ella llama con mucho acierto un estado de “pesimismo positivo”. Por lo tanto, no hay que llegar al extremo de ser optimistas, dadas las circunstancias, pero guardemos alguna esperanza. En Guatemala el pesimismo positivo vendría siendo como la conciencia de nuestros males, con la actitud de enfrentarlos y vencerlos. Toda una inmersión psicológica en la vida cotidiana de este país del cuarto mundo con sus aberraciones políticas, sus esperanzas frustradas, sus indicadores catastróficos y una población resistente a la adversidad como pocas. Así es que he decidido seguir el consejo de mi lejana parienta y comenzar con un sacudón a mis agoreros presentimientos para reemplazarlos por el augurio de mejores tiempos. Esto no es porque se me haya pegado el espiritu navideño y esté viendo esferas de colores, sino porque hemos llegado tan pero tan bajo, que la única posibilidad es comenzar a remontar desde los abismos. Un buen augurio viene siempre precedido por un análisis de situación. Dado que con relación a las acciones de los gobernantes no tenemos el privilegio de contar con la información básica para hacer ningún análisis serio, no queda más que especular respecto al rumbo que seguirán las decisiones de Estado. En el tema de seguridad, se reforzarán las estrategias en contra del narcotráfico y probablemente el ejército asuma un papel muy protagónico en este campo. No hay otra salida, porque toca de cerca las relaciones con el nuevo gobierno estadounidense y para éste es prioritario, dado su impacto en sus relaciones con México. En lo relativo a programas de desarrollo social, quizás finalmente se consoliden algunas líneas de acción un poco más efectivas para combatir los flagelos del hambre y la desnutrición, así como para ampliar las coberturas en salud y educación para la población más vulnerable. Para ello, Sandra de Colom su marido tendrán que demostrar la capacidad de ejecución de las instituciones a su cargo y probar su liderazgo de manera mucho más consistente y firme que hasta ahora, aunque sin rebasar sus límites de autoridad. Si sólo esto se pudiera realizar, podríamos decir que el país comienza a retomar el rumbo perdido. Sin embargo, los poderes clave para garantizar un cambio en la política nacional están aún en trapos de cucaracha y no parecen estar dispuestos a cambiar. ¿Se da cuenta? esto es a lo que mi hermana llama “pesimismo positivo”.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Tania

Hace ya varias décadas, nació mi única hija. Los recuerdos de ese momento, todavía guardados en un cofre, son un punto de comparación. Tania nació rápido, sin trauma, como si su llegada a este mundo fuera uno más de sus gestos naturales y desenfadados. La recuerdo pequeñita y rosada. Nunca tuve inclinaciones maternales, pero ella me llegó al corazón de inmediato con su risa fácil y sus increíbles arrebatos de rebeldia contra mis absurdos pruritos de orden, limpieza y disciplina. Esta remembranza tan personal es un pequeño permiso que me doy porque hoy es su cumpleaños y, simplemente, quise dármelo. Pero también me sirve para echar un vistazo al ayer, a esa época cuando vivíamos en un Chile estructurado y pacífico, pero a un tris de convertirse en uno de los ejemplos más dramáticos de la lucha política y de los límites a los cuales puede llegar una sociedad cuando la dividen las ideologías. Tania no tenía ideología, por supuesto que no. A ella la regían sus impulsos naturales, su curiosidad insaciable y esa energía que todavía es una de sus marcas de identidad. Aún así, sin vela en ese entierro masivo en el cual se convirtió el Chile pinochetista, la pobre niña soportó de todo con una cierta dosis de humor: los bombardeos en el centro de Santiago, la caminata que duró casi todo un día en medio del caos y el miedo para refugiarnos en la casa de unos amigos al otro lado de la ciudad y después, viajes y mudanzas, todo un trastorno para la vida de una niña que apenas comenzaba a asomarse al mundo aferrada con determinación a su muñeca, la “pelona”. Hoy, con la vida colmada por su propia familia, Tania surge como una mujer de una madurez excepcional y una generosidad de espíritu que no tiene límites. Desde lejos –porque ni siquiera dudó de trasladarse a vivir a otro país cuando se intensificaron los problemas de violencia en Guatemala- transmite la fuerza fantástica de su personalidad, compleja y simple a la vez pero siempre rica y reconfortante. Es importante aclarar que Tania no es una mujer fuera de lo común. Es, simplemente, una mujer con todas las cualidades indispensables para llevar las riendas de un hogar funcional y enriquecedor, capaz de reservar su tiempo para crecer y ser mejor. Eso es lo que hoy le celebro, esa es la razón de esta inusual apertura de los ámbitos cerrados de mis recuerdos. En cierto modo me alegra que sus primeros años de vida hayan sido una prueba difícil, con una madre dividida entre darle una buena vida y construir un cierto futuro. Creo que al fin de cuentas algo de eso resultó bien y Tania es hoy quien es, consciente de su fuerza interior y capaz de repartir sus tesoros internos entre quienes la rodean. Creo que debería decir ¡misión cumplida! pero prefiero, en este caso, decir ¡feliz cumpleaños, ranita!

lunes, 24 de noviembre de 2008

Otros temas

Tienes que escribir sobre otras cosas, me dijo Efraín. Sobre cultura, arte, cosas que pasan y que a la gente le importan. El bombardeo que recibimos a diario por todos lados es una especie de intoxicación mediática de hechos violentos, el cual va creando un enorme vacío por delante que apenas nos deja tiempo y energía para las cosas trascendentales. Por trascendental entiendo todo aquello capaz de llenarnos de alegría, de esperanza y de fé en la humanidad, lo cual no suele abundar aunque a veces aparece sin aviso previo tras alguna esquina del camino. Hace algunos días, Claudia Navas escribía en La Hora un artículo sobre el desequilibrio en las noticias que recibimos a diario. Lo bueno, lo positivo, lo heroico jamás obtienen primeras planas ni especiales noticiosos de última hora. A los cineastas que por fin logran colocar a Guatemala en el mapa, se los envía a las secciones de cultura, creadas en su mayoría como una forma de completar el abanico de opciones informativas para los lectores pero no como un ingrediente vital para la agenda periodística. Claudia tenía toda la razón, los festivales de cultura y las exhibiciones de arte, las bienales y los conciertos, son tratados como un adorno, como un gesto deferente para con quienes creemos en su importancia, pero no como una parte integral de la vida nacional, sustantiva, relevante en el proceso del desarrollo nacional. Lo mismo sucede con la vida cotidiana de quienes habitan las pequeñas aldeas y caseríos, los poblados remotos del altiplano o la costa, las ciudades provincianas en las cuales el tiempo transcurre a su propio ritmo. No existen. O es como si no existieran, porque el foco está puesto en el centro de la actividad económica y no en el centro de la vida misma del país. Estas son las incongruencias de Guatemala, un país cuya mayor riqueza es su diversidad, reconocida por todos de manera teórica pero en la práctica atacada con un rasero elitista con el objetivo de convertirnos a todos en ladinos consumidores de comida rápida y ropa de poliéster. Hace poco estuve unos días en un pequeño pueblito a las orillas del lago de Atitlán presenciando otro de esos milagros tan propios de este país surrealista. San Juan La Laguna es el pueblo. No tiene maras, pero San Pedro –que está a un brinco de perico- sí las tiene. No hay delincuencia porque como decía Flory, la recepcionista del hotel, la juventud está educada con valores firmes. Pero sí hay arte y está por todas partes, porque sus habitantes hablan, respiran y consumen color y belleza frente a ese lago soberbio y los volcanes que lo protegen. Todavía trato de desentrañar el misterio... ¿Y no que no se puede, pues?

lunes, 10 de noviembre de 2008

Hay gente que ayuda a los habitantes de San Juan a embellecer su pueblo. Unos son los dueños del Eco hotel Uxlabil y otros los miembros de la Fundación Solar. Los murales que adornan las calles son parte de esa labor de embellecimiento y enaltecimiento de los valores de la comunidad. Este fue pintado por Julián Coché, un pintor a quien le compramos un cuadro bellísimo.

San Juan La Laguna

Ayer regresamos del lago. Pero empecemos por el principio. La visita de una sobrina nos sirvió de pretexto para hacer una salida de esas que jamás hacemos Craig y yo. Quizás por miedo a andar en carreteras llenas de pilotos homicidas (o suicidas, depende del punto de vista), malos caminos, asaltantes y todo eso, es muy raro que nos aventuremos a viajar por el país. Pero este fin de semana lo hicimos y decidimos -sin mucho análisis- escoger un hotel ecológico en San Juan La Laguna. Hotel ecológico supone una edificación rústica, nada de comodidades sofisticadas como televisión con cable o internet inalámbrico, mucho menos amenities en el baño. Sin embargo, nos encontramos con este hotel de unas 12 habitaciones metido donde se pierde el camino, así es que nos tocó caminar unas cuadras con el equipaje al hombro y subir muchos peldaños de piedra antes de poder echarnos en la hamaca del corredor a recuperar el aliento. Bello es poco. La pérdida del aliento se debe no sólo a los años que ya pesan, sino más que nada a ese espectáculo del lago plateado bordeado de tul, haciendo de espejo a los soberbios volcanes. Nadie que no haya tenido la experiencia lo puede entender. Bueno, como decía, ésta fue la oportunidad para que saliéramos del encierro semi voluntario en que nos hemos empeñado Craig y yo para subirnos al auto y comenzar la aventura de fin de semana. Antes, por supuesto, nos aseguramos de dejar bien cuidados a Dido y Arturo (la perrita y el loro), porque son la mayor de nuestras preocupaciones al salir de casa. La carretera estuvo sorprendentemente bien hasta Tecpán -oh, milagro, pensé... quizás lleguemos así hasta Los Encuentros- Nunca debí ser tan optimista, porque pocos kilómetros más adelante encontramos la polvareda, los hoyos en el pavimento (cuando había pavimento), los desvíos no señalizados, la locura... Antes de partir, el gerente del hotel nos había asegurado que el camino hasta San Juan era perfecto, asfaltado y había 23 curvas que a veces asustaban a los novatos. En el kilómetro 148, poco más adelante de la estación El Descanso (ahora sé el porqué de su nombre) giramos hacia la izquierda y comenzamos la bajada hacia San Juan. Pasamos algunos poblados y de pronto entendí el énfasis en las curvas. No eran curvas, sino unos ganchos pronunciados y con una pendiente tan acentuada que parecía imposible no caer por el barranco. Pero el auto aguantó bien y nosotros, a esas alturas, ya teníamos los nervios bien templados. San Juan La Laguna fué, sin duda, la sorpresa del fin de semana. No el lago, porque ya sabemos lo hermoso que es al amanecer bajo esa niebla fría que cae suavemente por las montañas hasta perderse en la orilla. Conocemos los colores del ocaso, ese gris plata que baña la vertiente de los volcanes y hace que todo parezca como fundirse en un adormecimiento parejo de los colores. Hemos visto ya el sol engañado por el Xocomil que galopa veloz hasta cubrirlo todo, oscureciendo la superficie del agua. Ya lo sabemos. En cambio, nunca imaginamos lo que sería San Juan, su gente y sus calles adoquinadas. Este pueblo pequeño, metido en medio de sus violentos hermanos San Pedro y San Marcos, está sostenido por una extraña mística que parece protegerlo de la contaminación visual y del caos que impera en el resto del país. Es como entrar en un territorio liberado, pero en el mejor sentido del término. Es un remanso de paz, de verdadera paz y de auténtico sentido comunitario. La gente, amable y sonriente sin necesidad de serlo sino por el puro placer de verlo a uno, logró convencerme de que en Guatemala todo es posible y que nuestro inveterado pesimismo podría no ser tan irremediable como parece. Casitas bien pintadas de colores frescos, calles impecables, ni un asomo de basura y encima de todo eso, ya de por sí excepcional, un ambiente de seguridad que no habíamos sentido desde hace ya muchos años. Nuestra sobrina estaba fascinada. Su primera visita a Guatemala fue un rotundo éxito en su primer fin de semana y casi me dan deseos de mandarla de vuelta a casa para que no vaya a ver más, no vaya a descubrir la verdad, no se despierte del embeleso que le ha dejado este paisaje arrebatador y el ambiente amable y cordial de la gente de San Juan. A mí nunca se me olvidará.

Las armas de la paz

Una serie de dibujos de niño precoz, nos muestra el impacto de la guerra en la mente de un auténtico pacifista. Es probable que fuera Pepo Toledo quien, en su afán por encender aún más luminarias sobre el genio de su gran amigo y maestro, encontrara un excelente pretexto en la colección de dibujos del Efraín Recinos niño, cuidadosamente preservada por Efraín Recinos padre. Y para que a nadie le cupiera duda de la importancia de esos primeros años en el desarrollo estético y la depurada habilidad técnica del artista, se dió a la tarea de editar un libro en el cual quedara claramente plasmada la relación entre la obra fenomenal del Recinos adulto y sus primeros esbozos infantiles. En este libro -titulado “El juego de hacer dibujos” – Dibujo infantil de Efraín Recinos, 1933-1939- Toledo se sumerge de lleno en el análisis psicográfico, en la relación histórica, en la comparación, en la reflexión estética obligada ante el panorama completo de la trayectoria de este artista singular y sugiere la existencia de ese fuego creador casi desde el día mismo de su nacimiento. Los guerreros armados hasta los dientes ya aparecían en las hojas de cuaderno pintadas incluso en los bordes con todos los colores del espectro. También poblaban sus hojas reyes, princesas y caballeros andantes quienes, de una u otra forma, convivían con la muerte en sus castillos coronados de torres almenadas. Efraín niño aún no cumplía diez años. Las teorías conducentes a determinar si un ser humano ha nacido con el gen del talento absoluto podrían debatirse en una discusión eterna. Pepo Toledo pasa ese trámite en siete capítulos concretos y va directo al grano para declarar a Recinos un prodigio de la pintura. Sin embargo, se detiene a analizar ese aspecto fundamental en su expresión gráfica que aparece en sus primeros dibujos y permanece en su obra como un leit motiv, como una fuerza gravitacional que lo ancla al mundo al cual pertenece y cuyas manifestaciones de violencia rechaza de manera rotunda. Las armas, la sangre, el odio producto de una guerra, una guerra producto de ambiciones humanas desprovistas de valores, son los elementos alrededor de los cuales desarrolló todo un universo plástico sin parangón. El Efraín niño quedó anclado en ese mundo sofisticado del Efraín adulto, manchando su paleta con los resabios de una guerra que vivió desde este rincón del planeta, encerrado con sus crayones y sus hojas de cuaderno. El viernes, en Casa Santo Domingo, es la cita para oírlo contar la historia. El viernes, en un acto especial, le entregarán este libro fascinante como recordatorio de que la vida es un camino circular por donde transitan frescos los fantasmas de la infancia.