lunes, 15 de febrero de 2016

Decentes y pudorosos

Cómo navegar en las corrientes cruzadas de la represión y el instinto

Muchas cosas han pasado durante las semanas recientes, que han puesto a la sexualidad humana en la mesa de discusión. Entre ellas, una ley de la juventud insuficiente para alcanzar sus objetivos de crear un marco de protección y desarrollo para ese importante sector de la sociedad y un juicio histórico en donde se persigue castigar los crímenes cometidos por el Ejército contra las mujeres de Sepur Zarco, sometidas por la institución armada a la esclavitud sexual y laboral después de haber destruido sus familias y sus hogares.

Pero también está la postura pretendidamente moral de la mayoría de candidatos republicanos a la presidencia de Estados Unidos, quienes han dedicado muchas de sus intervenciones en los debates públicos a esgrimir argumentos en contra de la diversidad sexual, el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto, en un afán de retomar posiciones de conservadurismo extremo, al parecer con la intención de satisfacer a cierto sector de la ciudadanía que se resiste a aceptar los cambios inevitables de la evolución social.

La relación entre estos hechos no resulta evidente, pero de algún modo existe. Es el nexo ancestral que vincula a los sistemas de control político -en un marco patriarcal de dominio absoluto sobre las normas que rigen a lo más primario de las comunidades humanas: su sexualidad y la manera de ejercerla- con la antigua estrategia de condicionar la libertad hasta en lo más elemental de su esencia, a través de la culpa y la soberanía de su papel como ente reproductor.

Pero esta visión incide y limita especialmente a las mujeres, consideradas una especie de “repositorio genético” cuya responsabilidad es hacer de su cuerpo y su sexualidad una suerte de ofrenda social que no solo la sobrepasa, sino prácticamente la convierte en objeto bajo el dominio de otros.

Las nuevas generaciones -esa juventud actual enfrentada a un mundo conflictivo, hostil y nada propicio para facilitar su desarrollo- habrán de determinar cuáles son sus objetivos de vida y, a partir de ellos, buscar la manera de incidir en las normas y leyes que regirán su futuro y el de sus hijos, dejando a un lado los prejuicios y la ignorancia que han condicionado y satanizado durante siglos el ejercicio libre y maduro de su sexualidad.

La visión ideal desde una perspectiva retrógrada y conservadora, pero sobre todo desde los parámetros del control político, es una juventud sumisa y apegada a normas institucionales. Una juventud “decente y pudorosa”, incapaz de rebelarse contra los cánones existentes. No deliberante, con la cual sea posible mantener las reglas de un juego que en nada la favorece. Para ello, privar a las nuevas generaciones de una educación de calidad, es prioritario. Negarle asimismo el acceso a mecanismos de control de su propia sexualidad es una forma adicional de restringirle sus derechos y de tal modo someterla a las decisiones de otros.

Política y religión no se mezclan, eso es lo que se dice en un afán de corrección política absolutamente abstracto. La verdad es que política y religión no son más que dos caras del mismo espejo en donde se refleja el mundo actual y los modos de regirlo. Es el espejo en donde nos reflejamos al tomar decisiones y también al no tomarlas, porque sus valores –diseñados por otros para conveniencia de alguien más- nos indican siempre cuál es el camino a seguir.

A la juventud actual no le queda más que una opción y es, como bien lo ilustró la muestra fotográfica de Daniel Hernández-Salazar, despojarse de las vestiduras y exhibirse desnudos ante el mundo.


elquintopatio@gmail.com
@carvasar

lunes, 29 de junio de 2015

Los motivos del lobo

“Y el lobo dulce (…) tornó a la montaña, 
             y recomenzaron su aullido y su saña.”

Existe un trasfondo de romanticismo en el despertar de un pueblo. Comienzan a elevarse las expectativas al ritmo de una autoestima renovada, se produce una especie de júbilo colectivo por la simple constatación de la fuerza sumada y transformada en movimiento, todo lo cual converge en un nuevo estado de ánimo, una perspectiva de nación totalmente distinta al modelo rechazado por caduco.

Entonces viene de cara a las elecciones un desfile de nuevas personalidades empeñadas a conquistar las viejas posiciones y es cuando el olfato y la intuición de la población votante ha de mantenerse en alerta, porque un pequeño descuido puede dar al traste con los esfuerzos, las propuestas de cambio, la renovación de cuadros políticos y todo lo avanzado gracias a la fuerza de conjunto demostrada en los últimos meses.


Ayer me vino a la mente un hermoso poema de Rubén Darío, Los motivos del lobo,
“bestia temerosa, de sangre y de robo, 
las fauces de furia, los ojos de mal: 
el lobo de Gubbia, el terrible lobo, 
rabioso, ha asolado los alrededores; 
cruel ha deshecho todos los rebaños; 
devoró corderos, devoró pastores, 
y son incontables sus muertes y daños…”,
poema en donde ilustra esa lucha ancestral entre el bien y el mal encarnados ambos en el animal, pero también en la sociedad.

No es solo la naturaleza del lobo, sin embargo, el factor que provoca retrocesos en el deseado ambiente de paz y concordia entre los seres que comparten un territorio. Son los impulsos naturales de las comunidades humanas, en donde ha asentado sus reales la ambición desmedida, la falsía, la intriga y la mentira. Y de esas comunidades, es de donde surgen los rostros de quienes desean alcanzar las alturas del poder político, económico y social, para lo cual ya tuvieron que vender su libertad pero, sobre todo, empeñar su independencia de criterio.

No hay que engañarse, ningún candidato viene libre de compromisos. Y quien quiera alzarse por encima de sus contendientes viene con un enorme bagaje de condiciones y mandatos a los que no podrá sustraerse una vez en el poder. Esa es una de las razones fundamentales para luchar por la transformación profunda y real del sistema, para diseñar uno más acorde a la certeza jurídica, la seguridad democrática y el acceso del pueblo a los niveles de decisión.

El entorno político está poblado por depredadores. Esta es una realidad a la cual se debe prestar mucha atención. Rubén Darío le concedió al lobo motivos irrebatibles para ser como es, pero corresponde a los humanos la tarea de trascender y ser mejores.
“Y el gran lobo, humilde: ¡Es duro el invierno, 
y es horrible el hambre! En el bosque helado 
no hallé qué comer; y busqué el ganado, 
y en veces comí ganado y pastor. 
¿La sangre? Yo vi más de un cazador 
sobre su caballo, llevando el azor 
al puño; o correr tras el jabalí, 
el oso o el ciervo; y a más de uno vi 
mancharse de sangre, herir, torturar, 
de las roncas trompas al sordo clamor, 
a los animales de Nuestro Señor. 
Y no era por hambre, que iban a cazar.”
He de confesar que admiro al lobo. Y a Darío.

domingo, 21 de junio de 2015

Hace algunas semanas apenas, asistí a una graduación en Estados Unidos. Era el acto de un colegio del cual salían los estudiantes del último grado, preparados para ingresar a las universidades, buscar un trabajo o continuar con una carrera técnica que les preste las herramientas para insertarse con éxito en la vida.

No podía dejar de pensar en nuestros jóvenes guatemaltecos, privados de esas oportunidades elementales que les fueron prometidas y, más importante aún, cuya garantía de realización consta en el texto constitucional. A esta juventud a la cual solo le quedan, como opciones, engrosar las filas de los desempleados o ingresar a las del crimen organizado, el cual les ofrece los alicientes económicos suficientes para inclinar la balanza a su favor.

Al ver las filas de graduandos de clase media, la mayoría hispanos inmigrantes -y, sin duda, más de alguno con su estatus migratorio irregular- y compararlo con el estado paupérrimo del sistema educativo nacional no resulta difícil entender el afán de la juventud centroamericana de escapar hacia la frontera norte, aun a costa de su vida. 

Estas son las misiones pendientes para la ciudadanía. No solo cambiar las reglas del juego, sino reparar los daños, cerrar las brechas sociales, comprender y asimilar el hecho de que una sociedad con tales inequidades solo se dirige a su propia destrucción y ese es el futuro inminente si no se actúa en la dirección correcta.

Conocimiento es poder

La prensa es uno de los recursos más valiosos de la democracia.

Comprendo bien el aburrimiento provocado por ciertos temas porque, de tan repetitivos, se vuelven transparentes en la mente de las personas. Algunos son auténticas piedras de toque, valiosos recursos para el debate y el crecimiento intelectual o para el desarrollo de la democracia, pero esa cualidad no los hace más tolerables para audiencias saturadas de mala política, violencia y en permanente contacto con un ambiente agresivo en muchos aspectos.

Por eso resulta tan difícil determinar hasta dónde insistir sobre ciertas situaciones cuyo impacto reiterado provoca más rechazo que interés. Una de ellas es la violencia criminal, cuyo protagonismo ha marcado las páginas de los diarios y los medios digitales de manera constante, al punto de que no falta quien culpe al mensajero por las malas noticias en lugar de analizar cómo ese flujo noticioso permite conservar el balance del sistema democrático.

En épocas de dictadura, cuando la prensa es el primer objeto de la represión y la censura, la falta de información crea en la población la falsa idea de que nada sucede. Cuando transcurren los años, las décadas, y la gente comenta sobre tiempos pasados, se tiende a construir una imagen distorsionada basada en esa carencia de conocimiento sobre los sucesos reales de un tiempo determinado. Así se obtiene una visión de seguridad o estabilidad totalmente irreal. La memoria colectiva es de corto alcance y ese factor se acentúa de manera notable en una sociedad cuyas mayorías menos favorecidas están alejadas de las fuentes de conocimiento y estudio. Cuando ese es el caso, esa memoria sencillamente desaparece.

Por eso es tan importante recuperar y mantener la libertad de prensa y de pensamiento, porque el conocimiento es una palanca de poder y pertenece a toda la ciudadanía como un derecho humano fundamental. La represión política contra la prensa y muy especialmente en contra de algunos comunicadores demasiado acuciosos en el ejercicio de su profesión, ha sido sustituida en muchos casos por la intimidación que ejercen diversos grupos de poder, tanto fuera como dentro de la ley, usualmente de gran influencia en los sectores político y económico.

Sin embargo, a muchos les exaspera conocer los detalles de su propia realidad. Este tema es tan complejo como para ser objeto de un tratado de psicología de masas. Por un lado y gracias al extenso uso de la tecnología, se produce una vertiente de comentarios, protestas virtuales, y un intenso ejercicio del debate por medio de las plataformas digitales, todo ello como una especie de catarsis. Pero es una catarsis condenada a permanecer en la nube, a ser un escape necesario para que esa frustración no se traduzca en acciones concretas. Por otro lado, está el rechazo a informarse como una manera de evitar las emociones derivadas de un entorno hostil, en crisis progresiva.

Es importante señalar que así como existe el derecho de saber, también está el de comunicar y quienes lo ejercen realizan una labor de servicio para toda la sociedad. Proteger a la prensa y a sus miembros es, por lo tanto, una medida urgente y necesaria con el fin de preservar no solo su integridad, sino también el equilibrio democrático que tanto ha costado construir.
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El año de la no violencia

Vivimos en el país de la eterna primavera y las eternas contradicciones.

No tenían identidad los dos bebés heridos por disparos de arma de fuego víctimas de la violencia criminal, porque ni siquiera habían nacido. El hijo de Norma Leticia Donis recibió uno de los 20 impactos que quitaron la vida a su madre y no logró sobrevivir a pesar de los esfuerzos de los médicos. El otro bebé hasta ayer luchaba por su vida. Mientras tanto, en Zacapa, el ataque armado contra 5 integrantes de una familia dejó como saldo a 2 hombres muertos y 3 mujeres heridas, entre ellas a una niña de 6 meses.

Unos días antes, Silvia Orozco, madre de una niña de 10 años, fue acribillada a bordo de su taxi en la zona 6 capitalina y Víctor Manuel Cac Tzoc, de 16 años y comerciante de telas típicas, fue asaltado y asesinado para robarle su mercancía, en Santa María Chiquimula. Ese mismo día en Escuintla, Pedro José Albajara, adolescente de 14 años, perdió la vida por heridas de arma de fuego.

Imposible consignar en un espacio tan reducido la cantidad de asesinatos perpetrados en el breve lapso de una semana. Lo cual hace aparecer las palabras del mandatario como un sarcasmo, cuando declara a 2015 como el Año de la No Violencia en Guatemala y promete una seguridad que en los 3 años transcurridos de su gobierno no se ha cumplido.

Aun cuando los medios de comunicación reportan a diario un promedio de 16 asesinatos, una cifra que delata el pavoroso estado de inseguridad en el país, quedan muchas otras víctimas en total oscuridad mediática. Estas son las familias de los muertos: sus parejas, sus hijos, sus madres y hermanos, muchas veces segundos en la línea de las extorsiones y venganzas, con su vida destruída, su futuro incierto y a merced de los agresores.

El colapso del sistema de salud pública incide también como un factor de violencia contra la población de menores recursos, al no proporcionar la atención debida a quienes recurren a él. Las condiciones en las cuales funcionan los hospitales nacionales constituyen una violación a los derechos humanos de su personal y de los pacientes, cuyo único recurso en caso de enfermedad es el sistema público, actualmente incapaz de responder a la demanda y hoy dependiente de un ministerio señalado por la corrupción y el pésimo manejo de sus recursos.

Ninguna proyección optimista de la realidad –como parecen ser las ilusiones presidenciales- cambiará la dura realidad enfrentada a diario por millones de guatemaltecos. La constante amenaza de muerte se encuentra a la vuelta de la esquina, tras las puertas del propio hogar, en los buses del transporte colectivo o en la parada del semáforo. El estado de paranoia no es gratuito, tiene sus raíces en las cifras absurdas de muertos inocentes cuyo destino fue cifrado por una pandilla, una organización criminal o un grupo de policías corruptos.

El Año de la No Violencia en Guatemala será posible cuando las autoridades de gobierno actúen con estricto apego a la ley, la ciudadanía se involucre en la fiscalización de sus instituciones, se eliminen los rincones oscuros para transparentar la ejecución de los fondos públicos y se depuren las fuerzas de seguridad. A eso, añadir un sistema de justicia implacable con el crimen que ha marcado al país con una huella macabra.
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En centro del Universo

El Papa Francisco ha tocado un nervio sensible.

Francisco I ha despertado la ira del capitalismo extremo con su carta encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de la casa común. Era previsible que ante los primeros párrafos de su mensaje –de una dureza inusual en estos temas - se produjera una reacción inmediata de rechazo por parte de sectores conservadores cuyos intereses se oponen a la teoría del calentamiento global y a los nocivos efectos de la actividad industrial, agrícola y extractiva de sus compañías.

“Esta hermana (tierra) clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto»”

En las 190 páginas del documento, Francisco no deja lugar a dudas sobre su preocupación por el tema ambiental, al cual considera una cuestión moral y ética. Cita a varios de sus antecesores, entre ellos a Juan Pablo II quien, ya en 1991 insistía en la necesidad de realizar cambios profundos en el estilo de vida y de consumo, así como en las estructuras de poder que condicionan a nuestras sociedades modernas.

La influencia de Francisco I -cuyo pensamiento se identifica y extrae la esencia del otro Francisco, el de Asís-, este jefe supremo del catolicismo, un hombre de pensamiento moderno capaz de sacudir las entretelas anquilosadas del Vaticano para ponerse en los zapatos de las clases más humildes para defender las causas fundamentales, sin duda será agriamente criticada por quienes ven peligrar sus privilegios.

Pero la humanidad necesita estas voces de un liderazgo sensato y conducente a los cambios indispensables para no solo preservar al planeta, sino a quienes habitamos en él. Esas naciones, en cuyos centros financieros se ha concentrado el poder mundial, deben comenzar a ceder en sus posiciones de un capitalismo deshumanizante ante la realidad de la catástrofe anunciada por medio de inundaciones, temperaturas extremas, pérdida masiva de especies y de biodiversidad en toda la redondez de la Tierra. El Papa no podría haber sido más claro al señalar que no tenemos derecho a acabar con la vida de otras criaturas, porque esas vidas aparentemente ajenas nos son indispensables para conservar la nuestra.

El centro del universo no está en Wall Street, en Berlín, Londres, ni Beijing. Por lo tanto, las decisiones sobre el futuro de la especie humana, sus condiciones de vida, sus expectativas de desarrollo y todo lo concerniente a las relaciones entre Estados deben responder a las necesidades de los pueblos con pleno respeto a su soberanía. Es aquí en donde tiene pleno sentido el mensaje papal, un mensaje de enorme trascendencia para el momento actual, cuando se pone en la balanza el beneficio económico de unos pocos contra las esperanzas de vida de las grandes mayorías.
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Los peces muertos de La Pasión

Guatemala ha perdido algo más que especies nativas.

Aun cuando no se trata de un problema exclusivo de Guatemala -porque el deterioro ambiental y la pérdida masiva de vida silvestre en el continente latinoamericano viene desde hace mucho- no deja de ser un tema difícil de abordar, debido al poder de los círculos financieros y empresariales. El impacto de la voracidad corporativa en la integridad de los ecosistemas, de los cuales depende también la calidad de vida de los humanos, es abismal y ha impedido formas de desarrollo económico más amigables con el ambiente.

Con una irresponsabilidad rayana en lo criminal, las autoridades en nuestros países permiten la explotación irracional de recursos naturales y la invasión de grandes extensiones de tierra con monocultivos agresivos, crianza de ganado, explotación minera o construcción de oleoductos y plantas hidroeléctricas sobre tierras agrícolas en las cuales han vivido sus comunidades durante siglos.

En esos “territorios liberados” por multinacionales o empresas locales de mucho poder, nadie ingresa. En Guatemala, por ejemplo –y también en Chile y Brasil- se avala desde las altas esferas una especie de extraterritorialidad, permitiendo en esos espacios un desempeño exento de controles administrativos, sanitarios o de vigilancia del cumplimiento y respeto de derechos humanos. Como en Las Vegas, lo que allí sucede allí se queda.

Hoy nos golpea la visión de millares de peces muertos en el río La Pasión, uno de los ecosistemas más ricos de Guatemala en especies nativas y un paraje de belleza sin igual. Sus riberas, pobladas por aves, mamíferos y otras especies fueron, hasta ahora, un importante destino turístico. Sin embargo, hoy están cubiertas de peces muertos envenenados por agroquímicos, una de las graves consecuencias de la falta de control en la aplicación de las leyes que regulan su uso.

La depredación de masas boscosas, la contaminación de ríos y otras fuentes hídricas, el exterminio de aves, reptiles y mamíferos por pérdida de sus hábitat y el desalojo de personas para entregar enormes extensiones a empresas que solo perpetuarán esa destrucción, han sido políticas impuestas a partir de la codicia de políticos y empresarios cortoplacistas, ciegos a las repercusiones de ese modo depredador de simular un falso desarrollo.

El poder de quienes promueven el uso de agroquímicos en áreas protegidas –algunos de ellos prohibidos en países desarrollados- así como la lasitud de las autoridades responsables de evitar estos abusos, constituyen una afrenta contra la vida silvestre y humana. Pero también representan un síntoma del más perverso subdesarrollo político, ya que evidencian la pérdida de respeto por valores superiores en toda nación, como son la integridad territorial, la protección de la vida humana y del patrimonio natural del cual depende el sostenimiento de todo un sistema de vida.

Lo que se requiere es una utopía: la revisión exhaustiva de las operaciones agroindustriales, extractivas y de explotación de los recursos, tendente a reorientar los planes de desarrollo hacia un sistema racional de aprovechamiento de la riqueza, estableciendo como prioridad la integridad, la vida y el bienestar de todos.
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Los dineros perdidos

Incontable es la riqueza en las manos equivocadas.  
La corrupción en el seno de las instituciones es, más que un acto vil e inmoral, una condena a muerte contra amplios segmentos de la población, aquella incapaz de defenderse y cuyo aporte a esa riqueza jamás le regresará en forma de beneficio alguno. Por esta razón, los actos delictivos cometidos por las personas de su confianza (la población fue quien los colocó en posición de poder) son tanto o más traicioneros que el de un delincuente común de quien naturalmente se espera un golpe artero. No importa cuán saludable sea la economía de una nación, siempre el sistema predominante en el hemisferio occidental y ahora también en una buena parte de los países de Oriente, condenará a más de la mitad de la ciudadanía a una vida de trabajo y privaciones. Es el capitalismo, cuya prioridad es la explotación máxima de los recursos –naturales, tecnológicos y de mano de obra- con el fin de acumular ganancias para competir con ventaja en los mercados internacionales. La parte humana de la ecuación siempre resulta secundaria y, por tanto, se requiere de Estados fuertes y bien organizados para proteger sus intereses de la codicia empresarial. Para tener un Estado fuerte y saludable, capaz de resistir las presiones de sectores de poder paralelo, es preciso contar con un sistema político transparente y perfectamente blindado, especialmente contra las infiltraciones del crimen organizado y el narcotráfico. Para ello, se requiere de leyes diseñadas con ese objetivo, procesos electorales limpios y creíbles, instituciones independientes de control de esos procesos y, muy especialmente, la intención sincera y comprobable de sus autoridades de respetar las normas establecidas. En el momento de exigir cambios –cuando el sistema parece ir en dirección opuesta al mandato constitucional- debe analizarse muy cuidadosamente cuáles son los requeridos para enderezar el barco, porque de nada sirve un relevo de personas cuando es el sistema mismo el incapaz de resguardar y garantizar el camino hacia una democracia plena y participativa. El despertar de un pueblo dormido es uno de los momentos más brillantes de una nación. El desafío es convertir ese despertar en una palanca de progreso en el camino correcto, el de la consolidación del estado de Derecho y de la participación ciudadana en los destinos de la patria. Los actos de corrupción implican una pérdida real para la población. Sin embargo, afectan con fuerza descomunal a los más necesitados, a esos amplios contingentes de trabajadores del campo y de la industria, a los desempleados, a la juventud perdida en el tráfico y consumo de drogas, en el sicariato y en la miseria moral. Por ello es todavía más perversa su comisión por parte de quienes están supuestos a proteger sus derechos y proporcionarles las oportunidades de desarrollo, tal como dicta la ley fundamental. Esos dineros perdidos en lujos, viajes, privilegios y sobornos son el peor crimen que se puede cometer contra la niñez privada de alimento, salud, educación y vivienda. Contra las mujeres y hombres cuyo trabajo es menospreciado y mal pagado. En fin, contra la verdadera fuerza vital del país. elquintopatio@gmail.com

lunes, 25 de noviembre de 2013

sábado, 21 de septiembre de 2013

El gen del conformismo

Adjudicar a otros las responsabilidades propias es un síndrome generalizado.

Una de las virtudes de las redes sociales es su calidad de espejo de la sociedad. Allí se puede apreciar con bastante nitidez la manera de ver la vida, el comportamiento social, los mecanismos de evasión y aquellos rasgos característicos que marcan a una cultura determinada.

A través de los meses, me ha resultado fascinante comprobar la facilidad con la cual la mayoría echa sobre los hombros de Dios el pesado fardo de proteger a la niñez, combatir la corrupción, reducir la violencia, colocar en el mando a un buen y honesto gobernante, reducir el costo de la vida, resguardar el patrimonio natural, evitar el contrabando y combatir el narcotráfico. Para todo es bueno y todo se espera de su infinito poder, siempre y cuando no sea la ciudadanía la que tenga que involucrarse en tan complicadas tareas.

Es y ha sido el mensaje más recurrente recibido en los muros de facebook, por ejemplo, al compartir notas sobre asesinatos de personas inocentes cuyo único pecado para alcanzar tan lamentable final ha sido el simple hecho de existir, excusa suficiente para que un perverso asesino les quite la vida con un par de balazos.

Este afán de endilgarle semejante paquete de obligaciones parece haberse infiltrado en el imaginario social con la persistencia y profundidad de un gen. Tanto como el color del cabello o la complexión física, la convicción de que Dios va a resolver todo sin que uno tenga que mover un dedo, parecen ser rasgos indeleblemente impresos en lo profundo del ADN.

Creo firmemente que una cosa es la fé y otra muy distinta el cumplimiento de las responsabilidades que vienen implícitas en el ejercicio de la ciudadanía. Una sociedad no se mueve únicamente por la fuerza de las creencias religiosas. De hecho, su motor es la participación ciudadana en todos los aspectos de la vida en comunidad. Por ello, encomendarse a Dios puede ser muy positivo siempre y cuando no sea el único acto dirigido a cambiar un estado de cosas torcido y lleno de fallas estructurales.

Esta especie de conformismo congénito tiene una variante peligrosa, y es la negación absoluta de que el ser humano también tiene el poder de alterar la ruta de su propio destino, siempre y cuando actúe en esa dirección. De creer más en la humanidad y en su capacidad de adaptación al cambio, en su talento para romper estructuras y crear otras más aptas para las necesidades de la sociedad, no habría tanto estancamiento como el que se percibe actualmente.

La consigna para alcanzar objetivos comunes es involucrarse y participar. Actuar con decisión para exigir resultados, hacer más eficiente la gestión del Estado, controlar el gasto de los fondos -cuyo origen es el trabajo de cada ciudadano-, denunciar la corrupción y comprometerse a no alimentarla, son pasos aparentemente insignificantes pero de enorme impacto si todos van en la misma dirección.

Encomendarse a Dios es algo positivo, siempre y cuando no se utilice como un refugio contra la realidad. Las doctrinas religiosas también enseñan a servir, a compartir y a comprometerse en una labor común para lograr todo aquello que engrandece a las naciones.

(Publicado el 21/09/2013)

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Ciudadanía

Pertenecer a una sociedad no se reduce a vivir en ella.

Cae bien, en medio de las fiestas patrias, reflexionar sobre la responsabilidad individual, la participación, el goce de derechos y el cumplimiento de responsabilidades ciudadanas. Lo cierto es que el ejercicio correcto de la ciudadanía implica mucho más que ir a votar un día de elecciones con los documentos vigentes y una actitud respetuosa. Tampoco basta tener al día el pago de obligaciones tributarias o haber obtenido el DPI y el impuesto de circulación en las fechas indicadas. Todas esas son obligaciones básicas.

El respeto a las leyes viene en el pacto social desde el momento de nacer, por lo cual no debería considerarse un gesto de buena voluntad o una cualidad excepcional, sino el simple cumplimiento de un deber insoslayable. Sin embargo, es fácil observar que ninguna de estas condiciones se cumple en forma generalizada. Quien tiene un buen asesor financiero y contactos ubicados en altas esferas logra con extraordinaria facilidad evadir el pago de grandes sumas de dinero por concepto de impuestos, consigue rutas expeditas en trámites que a otros les lleva una vida entera y construye una especie de limbo, una esfera de protección que lo coloca por encima de sus iguales. Lo sorprendente de este fenómeno es que quienes logran ingresar a estos círculos privilegiados obtienen de manera automática una especie de certificado de buena ciudadanía y así son vistos por el sistema.

Esa visión deformada de lo que se concibe como vivir en sociedad se transmite de generación en generación con sus derivaciones éticas y morales. De allí vienen la visión racista y el abuso de poder, consideradas una forma de vida aceptable por quienes se benefician de ellas y tolerada por un sistema construido en función de privilegios y la imposición de unos por sobre otros.

A partir de esta realidad, es importante reflexionar sobre los valores inculcados a las nuevas generaciones por ciudadanos cuya visión de las cosas se reduce a sacar partido de las debilidades del Estado. Una muestra del escaso concepto de ciudadanía es la fragilidad de los procesos electorales, en los cuales predomina la propaganda anticipada en abierta trasgresión de las normas establecidas por las autoridades del Tribunal Supremo Electoral, entidad incapaz de poner orden y endurecer sanciones. La parte irónica del asunto es el discurso moralista de quienes violan esos preceptos. La parte patética es que aun así consiguen obtener votos.

El mensaje enviado en medio de desfiles y fanfarria patriotera es que no importan las leyes en tanto se pueda sacar partido de sus debilidades. No existe una postura sólida sobre el apego a las normas de convivencia, no hay una campaña educativa dirigida a la juventud sobre sus derechos y obligaciones, no se percibe en el ámbito político ninguna voluntad de reconstruir el tejido social sobre la base de solidaridad y respeto mutuo.

De ello se colige sin mayor dificultad la absoluta ignorancia de la juventud respecto de su papel como ciudadano, con todo lo que ello implica. Entonces, ¿cuál es el sentido de celebrar una fiesta nacional si los fundamentos valóricos que le dieron origen han desaparecido?

(Publicado el 16/09/2013)

Historias de terror

La amenaza acecha desde la habitación contigua.

Ha sido la técnica estelar del cine de terror desde hace décadas. La víctima, refugiada en la seguridad de su casa sin saber que el enemigo la espera detrás de la siguiente puerta. Sombras, efectos de sonido y actores de primera línea recrean con éxito uno de los ambientes más siniestros posible. Pero la realidad es mucho más cruda que el cine. Y cuando la víctima es una niña indefensa de apenas 4 o 5 años y el victimario, su padre, entonces ningún argumento cinematográfico es capaz de emular el horror y la impotencia.

Durante los últimos meses han desfilado los relatos de niñas violadas de manera reiterada por quienes deberían ser sinónimo de seguridad, confianza y protección. Padres, tíos, hermanos o maestros han sido señalados de crímenes tan sádicos e incomprensibles como la violación sexual en niñas y niños que aun viven sus primeras etapas de desarrollo.

La sociedad no solo ha callado sino ha ido mucho más allá, protegiendo a los agresores y dudando de las denuncias de quienes no tienen ni la edad ni la experiencia para inventar historias tan pavorosas. Siempre me he preguntado cuál ha sido la razón para que la niñez sea relegada y puesta en riesgo por adultos irresponsables cuyo poder de decisión marca para siempre la vida de otro ser humano inocente. Pero no la encuentro. La situación de dependencia de niñas y niños continuará representando un riesgo mientras no se fortalezcan las instituciones del Estado supuestas a protegerlos.

El caso de Gia, la niña quetzalteca aparentemente asesinada por su padre, es uno de esos relatos que parecen sacados de la literatura negra. Sometida a esclavitud sexual desde muy pequeña, Gia parece estar logrando la justicia póstuma gracias a los espeluznantes dibujos de un diario en donde dejó constancia de su tragedia. Las denuncias contra este individuo señalan que también abusaba -de 4 a 5 veces por semana- de sus hijos de 3 y 5 años de edad. Cuando esto sucedía Gia tenía apenas 2 años y era forzada por su padre a participar con su hermano de 5 en escenas pornográficas, so pena de fuertes castigos.

Muchos son los casos que se acumulan en los despachos de Ministerio Público, cada uno más terrible que el anterior. Y aunque parecen extraídos de un prontuario excepcionalmente perverso, la recurrencia indica que es un mal enquistado en todos los niveles de esta sociedad, entre cuyos problemas más extremos no está la inseguridad, sino el silencio.

Es imperativo buscar y encontrar las razones de este pacto siniestro para buscar la salida a una de las patologías sociales más extendidas, como es el abuso sexual contra niñas y niños indefensos, en su propio hogar. En innumerables casos la madre de estos infantes se ha alineado junto al agresor para descalificar las denuncias y también suele suceder que por falta de pruebas contundentes, estos menores regresan a un hogar en donde seguirán siendo objeto de crueles tratos.

A la par y muy relacionado, están el maltrato contra la mujer y el femicidio. Por ello, sorprenderse de la agresividad de quienes nos rodean es absurdo en tanto no se profundice en las raíces psicológicas de los traumas, los cuales parecen ser una herencia transmitida de generación en generación.

(Publicado el 14/09/2013)

Los niños de Siria

Los niños sirios sirven como excusa perfecta para una invasión.

A estas alturas del conflicto, resulta difícil constatar la veracidad de las declaraciones del Departamento de Estado sobre los ataques del gobierno sirio con armas químicas contra la población civil. De hecho, los arrebatos justicieros del país del norte despiertan muchas dudas, dada su bien ganada reputación de actuar acorde a pretextos fabricados para alcanzar objetivos estratégicos bien definidos, tal como sucedió en Irak.

Algo así se observa actualmente con relación al conflicto en Siria. De acuerdo con un reporte de Thierry Mayssan, periodista francés fundador de la red informativa Voltaire y presidente del proyecto Omicar para la defensa de la libertad de expresión, resultan muy reveladores los videos compartidos por Estados Unidos a través de YouTube, en donde aparecen niños víctimas de las fuerzas gubernamentales sirias, aparentemente filmados con anticipación a los hechos denunciados; sumado a esto la numerosa cantidad de infantes entre las víctimas (casi todos de la misma edad), sin familiares que acompañaran sus restos y el hecho aun más extraordinario de que el gas matara a cientos de niños y hombres pero no afectara más que a dos mujeres.

De acuerdo con la investigación de este periodista francés, la difusión masiva de las imágenes satelitales permitió a las familias de los alrededores de Lattaquié reconocer a sus hijos secuestrados dos semanas antes por los rebeldes -un proceso lento y difícil porque casi no quedaron sobrevivientes de la masacre perpetrada por los aliados de Estados Unidos, del Reino Unido y de Francia en las localidades leales al régimen-.

Este reporte también hace énfasis en el hecho de que los gobiernos estadounidense, francés y británico se han puesto de acuerdo en cuanto a expresar su absoluta convicción de que la armada siria ha exterminado con gas a un número indeterminado de civiles. Sin embargo, Meyssan hace énfasis en que las evidencias documentales dejan patente algunos datos interesantes:
1. Estados Unidos y las fuerzas aliadas parecen haber utilizado un tipo de gas sarín que no afecta a las mujeres.
2. Estados Unidos observó durante cuatro días los preparativos de este crimen de lesa humanidad, sin intervenir.
3. La víspera de su utilización, este gas mágico habría matado a niños secuestrados dos semanas antes por las fuerzas Jihadistas a una distancia de 200 kilómetros del punto en donde fueron supuestamente filmados.
4. Los servicios occidentales tienen algún procedimiento secreto para identificar el gas sarín sin necesidad de realizar cultivo de tejido humano.

Sean éstas evidencias o conjeturas, la realidad es que los ataques contra la población civil utilizando armas químicas –similares a las utilizadas por Estados Unidos y sus aliados en otros conflictos- parece un argumento tan verosímil como la historia de las armas de destrucción masiva que escondía Saddam Hussein hasta en el sótano de su casa. Pretexto suficientemente útil en su momento, pero mentira posteriormente aclarada para burla y bochorno de la comunidad internacional.

(Publicado el 09/09/2013)

El reducto femenino

El papel de la mujer en la publicidad se quedó en los años de 1950.

La modelo baila abrazada a un guacal de ropa recién lavada, con el rostro iluminado por una sonrisa de satisfacción que refleja la sensación de éxtasis provocada por la efectividad del nuevo detergente. Claro que le tocó meter las manos al agua, restregar la ropa, manipular su lavadora y luego colgarla de una cuerda. También le corresponderá ¡por supuesto! plancharla, doblarla y colocarla ordenada en los armarios respectivos para que la familia sea tan feliz como ella.

En otras producciones, el mensaje varía y el protagonista es un frasco de desinfectante para pisos, un producto especial para desengrasar cocinas o un nuevo sabor de refresco que hará la delicia de sus niños. El papel continúa manteniendo la ruta infalible de la domesticidad como destino y vocación de todo el género de manera estricta e inamovible. No faltará en este abanico de creatividad la joven señora sorprendida por la efectividad de un nuevo producto que facilita el planchado, el cual le brindará –como por arte de magia- el privilegio de dedicar ese tiempo tedioso de labores domésticas a jugar con sus hijos en el jardín.

La imagen femenina en la publicidad de nuestros países conservadores, retrógrados y sexistas no ha variado un ápice desde aquellos anuncios de la era mesozoica cuando no había para la mujer otro horizonte que casarse, tener muchos hijitos y pretender ser feliz solo con eso. Y sumado a esto, el uso de la imagen femenina en anuncios dirigidos al sector masculino continúa la vieja tendencia de convertirla en una cosa linda, seductora y fácil de manipular.

Cuando la publicidad hace el esfuerzo de trascender esos esquemas anquilosados, utiliza el recurso mucho más efectivo y moderno de la sofisticación y el humor. Pero ahí también se vuelve a caer en los estereotipos de la mujer tonta y superficial que solo piensa en sus zapatos o en el bolso de última moda. Y se regresa una vez más a la utilización banal y deformante de la imagen femenina, tan degradante como aquellos afiches de taller mecánico que usan a las “pin ups girls” como elemento decorativo.

Lo curioso es que a pesar de una fuerte presencia de mujeres talentosas en el medio publicitario, se mantengan las técnicas y los recursos ya desgastados por tanto uso. Esto hace pensar si no serán los anunciantes quienes prefieren lo ya tradicional y trillado, limitando las opciones a aquellas imágenes que siempre les resultaron efectivas. Desde ese punto de vista, también es preciso poner atención en la audiencia, ya que de no haber una receptividad positiva de esos estereotipos tampoco se produciría el efecto de venta deseado.

Las nuevas generaciones de publicistas deben analizar la pertinencia de realizar un cambio de esquemas en el campo de la publicidad dirigida a las mujeres, el cual permita salir del marco en el cual se ha enclaustrado. Los tiempos actuales, tan difíciles y cargados de conflictos, especialmente en lo referente a los derechos de las mujeres, requieren de propuestas creativas y novedosas que reflejen la participación de este segmento de la población en la construcción de un mundo mejor, más equitativo y más justo.

(Publicado el 07/09/2013)

Mundos opuestos

Desde el pequeño trozo de planeta donde vivimos, el mundo parece ajeno.

Cuando la rutina cierra las compuertas y nos condiciona el tiempo y el espacio, tendemos a creer que así es el mundo. Absorbidos por las actividades diarias no percibimos más allá del entorno inmediato y nos acomodamos en ese pequeño cascarón, desde el cual fingimos una sensación de seguridad tan frágil como falsa.

Guatemala y gran parte de nuestro continente ha vivido bajo la influencia de intereses ajenos a su naturaleza. Nos han convencido de necesitar objetos, bienes y servicios de los cuales podríamos prescindir sin dolor, así como nos han inculcado ideologías cuyos principios tienen raigambre en otras culturas, en otras latitudes, ancladas en otros tiempos.

Aunque hemos avanzado de manera notable, nuestras sociedades parecen ir a tropezones hacia un futuro cambiante de cuyas bondades no hay certeza alguna.

Sin duda una consecuencia de esa dicotomía entre necesidades reales y entrenamiento mercadológico, es la falsa idea de haber alcanzado cierto grado de desarrollo a partir del paisaje urbano y capitalino, así como de una vida diseñada bajo la premisa de que el consumo es bienestar. A esto se debe añadir el aderezo de una ilusión de prosperidad impresa en cifras macroeconómicas, en volúmenes de exportación o en los informes sesgados de algunas organizaciones internacionales que ven el panorama desde una óptica estrictamente cuantitativa.

Pero hay otra realidad. Y es aquella de la pobreza extrema, de la violencia bajo cuya amenaza vive todo un segmento de la sociedad carente de medios de protección –es decir, la abrumadora mayoría- y de los grupos humanos vulnerables a las agresiones, tanto por las actuaciones de funcionarios corruptos, como de organizaciones criminales o compañías poderosas que se han apoderado de su entorno. Esta otra perspectiva es la que obliga a pensar en el mito del tal desarrollo y nos vuelve a enfrentar al retroceso en la calidad de vida y en las posibilidades de avance en aquellos aspectos más relevantes para el ser humano, como son la educación y la cultura, la salud y la estabilidad laboral.

Sin embargo, quienes deciden sobre cada acción determinante para el futuro del país parecen creer que el atraso en aspectos fundamentales es culpa de los pobres. Incluso lo afirman sin ambages. De ahí que en estos reductos de poder se consideren tan indeseables las organizaciones comunitarias, los sindicatos, la prensa, las cooperativas y los grupos de vecinos en defensa de su territorio. De hecho, se los combate con una fuerza desproporcionada que demuestra de manera palpable la falsedad de los conceptos de democracia y desarrollo.

Solo es cuestión de salir de la burbuja capitalina con sus ostentosos centros comerciales, sus enormes edificios de lujo medio vacíos y su pequeña burguesía ciega y sorda al caos que la rodea, para ver que un poco más allá del kilómetro 20 en cualquier dirección, el mundo es otro. Allí está la verdadera muestra de que los preceptos económicos procedentes del mundo desarrollado y mal aplicados por gobiernos corruptos -con la venia de los sectores más poderosos- han dado como resultado una miseria poco menos que irremediable y que, para salir de ella, es absolutamente indispensable revisar conceptos.

(Publicado el 02/09/2013)

Mercado negro

Una siniestra línea comercial: órganos infantiles.

¿Cuánto valen los ojos de un niño? ¿Cuánto la virginidad de una adolescente? La manera como se ha expandido por toda Centroamérica la actividad de la trata de personas es uno de los más grandes desafíos que enfrentan los gobiernos de la región. El tema, que permaneció oculto durante muchos años bajo la superficie de otros tráficos, como el de narcóticos, por fin comienza a debatirse y enfrentarse de manera más abierta.

Las redes de trata son algunas de las organizaciones más siniestras en el mundo del crimen. Trafican con seres humanos de todas edades, sexo y condiciones. Desde recién nacidos para adopciones ilegales, hasta hombres y mujeres adultos para esclavitud sexual o laboral, pasando por la amplia gama de niños, niñas y adolescentes en una serie de vertientes a cuál más perversa: sus órganos sanos para la venta, prostitución, pedofilia o producción de material pornográfico en condiciones de cautiverio.

El combate a estas redes no es cosa de conformar un grupo de tarea para realizar operativos de menor escala. Se requiere de políticas públicas que enmarquen todo un conjunto de medidas de gran impacto, involucrando a todo el aparato estatal en sus diferentes instancias. En este comercio inhumano no se puede actuar con medias tintas. Las redes jamás podrían haber alcanzado los niveles de impunidad y facilidad operativa de los cuales hacen gala, de no contar con la protección y la complicidad de algunos elementos bien colocados en círculos institucionales.

En esta lucha desigual, la sociedad tiene mucho qué aportar. La organización ciudadana en los barrios, en aldeas y caseríos, podría por lo menos crear barreras de protección para los grupos más vulnerables, como son los niños, niñas y adolescentes. Las desapariciones de estos menores se producen a diario sin que las instituciones encargadas de investigar -como el Ministerio Público o la Procuraduría General de la Nación- puedan dar respuesta inmediata a estos casos, ya sea por falta de denuncia o por deficiencias en su capacidad operativa.

No parece posible que una sociedad acepte con resignación una amenaza tan directa contra los miembros más jóvenes de su comunidad. Pero la reiteración de la noticia va creando un bloqueo inconsciente y estos sucesos –los cuales se producen con una frecuencia aterradora- se transforman en una desgracia ajena, vista a la distancia como algo terrible que probablemente nunca nos va a tocar.

Las autoridades tienen que comprender que el crimen no es tolerable. Pero en esa amplia gama de actos de agresión y las violaciones contínuas a la ley, perpetradas por estos grupos criminales, los peores son los cometidos contra la niñez y la adolescencia. La responsabilidad y el compromiso son palabras muy grandes para representar la realidad actual. En las declaraciones oficiales se puede reflejar el propósito de acabar con estas redes, las cuales sin duda están identificadas gracias a los sistemas de inteligencia con los cuales cuenta el Estado, pero las acciones parecen no calzar con la proporción descomunal del poder de acción demostrado una y otra vez por estos seres depravados.

(Publicado el 31/08/2013)

Falsos cristianos

Mentir amparándose en íconos sagrados, es un acto deleznable.

La manipulación de la fe, el aprovechamiento de íconos sagrados para aparentar integridad moral y una espiritualidad no demostradas en otros actos de la vida, constituye una ofensa grave, pero sobre todo una demostración del poco o ningún respeto que inspiran, a los líderes políticos y empresariales, las doctrinas religiosas y también quienes creen en ellas.

No es necesario ser un fervoroso creyente para darse cuenta de que esa mixtura entre política, negocios y espiritualidad no se ve bien. Suena a falsedad por sus cuatro costados y si, además, se escarba en el historial de los protagonistas, resulta obvio que ahí no hay atisbo de autenticidad.

Orar por la paz, la seguridad y la prosperidad de Guatemala no tiene nada de malo. Pero que lo hagan públicamente quienes con sus decisiones han llevado al país a una situación de insostenibilidad en esos precisos temas, es francamente contradictorio. Las oraciones, en este caso, serían más pertinentes si provinieran de quienes se han visto afectados por las acciones de sus líderes, como por ejemplo quienes reciben por su trabajo menos del salario mínimo en las empresas y fincas de los pomposos personajes de la foto y sin que el Estado los proteja.

Se justificaría más si apelaran a la divinidad todas aquellas mujeres que hoy o mañana van a morir de parto y enfermedades prevenibles, si lo hicieran las niñas víctimas de la redes de trata, las cuales son amparadas por la corrupción en todos los niveles de la administración pública. Y, por supuesto, la niñez desnutrida desde antes de nacer.

El cristianismo es una doctrina cuyos fundamentos se afincan en las mejores cualidades humanas. Otra cosa son las iglesias como instituciones -cuyos intereses muchas veces van en dirección opuesta a la esencia de su credo- pero el mensaje original demanda respeto por el prójimo, honradez absoluta, generosidad, comprensión.

Es de preguntarse, entonces, si quienes acudieron a la convocatoria viven bajo estas premisas de manera puntual y comprobable. Si pagan puntualmente sus impuestos sin derivar sus ganancias hacia cuentas en paraísos fiscales. Si cumplen en sus empresas con lo especificado en las leyes, si las acatan en cada momento de su vida pública y privada haciendo lo correcto de acuerdo con los mandatos de la fe que dicen profesar.

Si ante una oportunidad de negocio se atienen a la ética y rechazan el soborno y la manipulación. Si son fieles y respetuosos hacia la persona con quien comparten su vida. Si realmente pueden invocar el nombre de Jesucristo sin que se les crispe la conciencia.

La ciudadanía ha soportado y continúa soportando una presión cada vez más intensa. Su seguridad y la de su familia están en riesgo constante, así como su estabilidad laboral. Todo esto derivado de malas administraciones, de personas cuyas ambiciones han sobrepasado todo lo imaginable, aunado su actuar a la ineficacia de sus políticas y a una constante variación en el rumbo de su gestión. En esta nueva y desafortunada variación de la estrategia de imagen, el parangón con los mercaderes del templo resulta inevitable.

(Publicado el 26/08/2013)